Estaba en una juguetería llena de juguetes de madera de colores, como los que abundaban cuando yo era chiquita. Había muchas piezas en forma de letras. También había Barbies viejas con los pies mordisqueados y el pelo tieso. Yo buscaba una Barbie sesentera de las que venden en Kiddy Land y lamentaba no haberla comprado cuando vivía en Japón. Tenía sentido que no la tuvieran, si todas las muñecas de la tienda eran claramente usadas y la que yo quería era nueva.

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