Anoche soñé que una horda de otakus jugando a ser zombies atacaba el sitio donde me hallaba y Maladjusted aparecía a protegerme con un amuleto de inmunidad. Mientras él peleaba con los zombies, yo salía a la calle y resultaba estar en el centro de Bogotá frente a la tienda de cómics donde trabaja Himura. De la nada aparecía un amigo que resultaba tener intenciones románticas conmigo y yo le decía que tuviera cuidado porque mi ex andaba por ahí (a través de la vidriera se veía él con gesto amenazador o sólo la mala cara que suele poner en la calle). Acto seguido salía yo a correr, como si el ex hubiera salido a perseguirme, pero mientras corría (mucho más despacio de lo que quería) empezaba a sonar de fondo "Sólo importas tú" de Franco De Vita y una voz me decía que sonaba porque yo era una egoísta y este sueño se trataba de mí y sólo de mí.


Soñé que iba a Los Andes con un amigo y aparecía su ex novia a tratar de abrazarlo y darle besos, lo cual él rechazaba. Al intervenir yo en el asunto, ella sospechaba que nosotros teníamos algo y se ponía furiosa. Nosotros seguíamos caminando, convencidos de que la vieja estaba loca. Entonces le decía que en un mundo paralelo donde fuéramos hippies él y yo seríamos novios... declaración que degeneró en tórrido romance en un salón abandonado de la universidad.


Soñé que por fin me daba un beso con mi vecino. Luego nos reuníamos con un montón de gente a jugar a las escondidas, yo disfrazada de soldado medieval y él de bardo.

Fue muy decepcionante despertar.


Anoche soñé que iba a Roma con mi familia. Tomábamos un taxi y a mí me tocaba dar las instrucciones (pese a que es mi hermana la que habla italiano, no yo). Todo el tiempo estaba confundiéndome y respondiéndole al taxista en japonés. Tanto me demoraba tratando de explicarle adónde íbamos que el señor daba vueltas y casualmente encontraba nuestro destino. No nos cobraba y yo le decía que molto grazie.


Anoche soñé que podía esquiar montada en mi bicicleta.


Anoche soñé que estaba visitando museos pero había uno al que no me dejaban entrar por razones ridículas. Tenía ya la boleta pero supuestamente tenía que haber llegado temprano en la mañana a validarla. Mientras yo peleaba y peleaba, llegaban unas personas desconocidas y la misma señora que me decía que nada podía hacer por mí les entregaba pases para entrar al museo. Qué furia.


Soñé que iba a un karaoke y la guía estaba llena de música que no conocía. Además, el aparato de escoger canciones estaba dañado. Las horas pasaban, nos iba cogiendo el sueño y nada que podíamos cantar.


Soñé que tenía accidente y todo mi cuerpo quedaba cubierto de hematomas de todos los colores del arco iris. El ojo morado, empero, era sólo morado.


Soñé que me compraba un juego de plato y pocillo Victorinox (¿¡!?) a ¥15000 (US$150) pese a estar mal de plata. Inmediatamente después me arrepentía de la compra. Para qué tener un plato finísimo si no hay nada que poner en él...


Anoche soñé que viajaba a Bélgica con Azuma. Es extraño; esta es la segunda noche que sueño con viajes largos en avión...


Anoche soñé que viajaba en avión con mi familia. Era un viaje bastante largo y con muchas escalas que se llevaban a cabo por mal tiempo. Parábamos en Alaska, Maui (así de específico) y Tailandia, país que reconocíamos por la escritura ilegible en los avisos publicitarios.


Anoche soñé que encontraba una trocha por la que podía ir desde Tsukuba a Tokio en bicicleta. Avanzaba un trecho pero encontraba una escuela donde recordaba que desde ese punto aún faltaba mucho para llegar a la ciudad. Como ya iba a anochecer, me devolvía, recogiendo en el camino puñados de arena muy suave.


Anoche soñé con John Cameron Mitchell. Creo que estábamos tras bambalinas en algún teatro elegante.


Ahora soñé que tenía un hijo, pero lo dejaba olvidado en su cuna. Al cabo de un día completo volvía por él, preocupada y culpable, pero él estaba lo más de bien, hasta sonriente.


Anoche soñé que estaba en el avión Tokio-Houston que he de tomar dentro de más o menos 3 semanas. Se nota mi desespero por el día en que eso sea realidad.


Anoche soñé que estaba en una aldea austriaca con mi mamá y Richard Dean Anderson, quien estaba filmando una película de MacGyver. Uno de los productores me preguntaba de repente en supuesto alemán si yo creía en Dios y yo le respondía "dass weiß ich noch nicht!" (eso no lo sé aún). Entonces el señor empezaba a decirle a MacGyver en japonés que yo sabía alemán y yo "いいえ、全然" (no, en absoluto). La aldea era supremamente colorida y yo no podía creer que por primera vez estuviera en Europa.


Otra vez yo. Anoche soñé que estaba en una casa grandísima tapizada de paredes terracota felpudas, como de fieltro viejo, y con vista a una pradera color verde pera con florecillas y cielo azul. Sin embargo, de repente ya no veía bien y cuando me ponía las gafas pasaba a no ver absolutamente nada.

En algún punto del sueño le mencionaba a mi tía (la dueña de la casona) que estas paredes eran justamente las que yo veía en sueños desde chiquita.


Soñé que me reencontraba con un amigo y hablábamos y hablábamos mientras recorríamos una especie de centro comercial/turístico. Había algo de tensión, como que nos acercábamos demasiado pero al fin no pasaba nada.

Cuando estaba despertando tuve un sentimiento de incredulidad al darme cuenta de que todo había sido un sueño.


Anoche soñé que iba a Colombia con Azuma y le intentaba comprar una lata de bebida de nata de coco (una cosa con gelatina que venden acá, muy rica) pero el tipo de la cigarrería no me la quería vender que porque se la habían traído de Japón. Yo le decía que entonces para qué la ponía en vitrina. Luego pedía un yogur de mora pero el señor tampoco me lo quería vender.

De repente estaba en París recién llegada con un tipo que conocí en Colombia y una compañera rumana de Gaidai, entre otros personajes. Yo intentaba tomar fotos desde un transporte público que era como una fila de sillas de sala de espera que se desplazaban cual trineo pero me regañaban y decían que eso era de muy mal gusto allá en Francia. Al llegar al sitio donde nos quedaríamos veía a la rumana alistar su cámara y pensaba que este sería el peor viaje de mi vida y que en Japón no ponen tanto problema por bobadas.


Anoche soñé que Freddie Mercury había vivido hasta esta época y yo le contaba a la gente que él había sido amigo mío. Además de cantante, Freddie era medallista olímpico en alguna disciplina relacionada con la gimnasia.


Ahora para el contraste, soñé que hacía parte del elenco de Muchachada Nui.


Anoche soñé que lograba arreglar la lavadora.

Cuando mis sueños están estrechamente relacionados con mi vida diaria, estoy mal.


Anoche soñé que Himura me confesaba que todo había sido una farsa, que nunca me había amado y me abandonaba. Yo no lloraba ni me sentía triste, pero me quedaba pensando en lo difícil que sería encontrar a alguien como él y en lo inútil que sería evocarlo de ahora en adelante, puesto que su recuerdo ya no me ofrecería ningún consuelo.

Cinco sueños



Tomado de Doblepensar.

1.
En bus en San Francisco. Desde la ventana observo lujosos edificios de apartamentos. Se alcanza a ver que tienen lámparas de araña, cortinas blancas y cielorrasos altos. Pienso que jamás podré tener un apartamento grande en una ciudad hermosa.

2.
Paseo a San Francisco. Trato de ir a los mismos lugares que visitara con Minori en 2003, pero resulto en un hospital gigantesco donde los pacientes, ancianos en su mayoría, rezan sin parar, como resignados a esperar su muerte. Incendio en el hospital. Los pacientes calcinados parecen momias y aparecen por doquier. Abro una puerta, me abro paso por entre dos momias y de repente soy un niño de diez años jugando a la vera de un río.

3.
Vivo en un lugar laberíntico, en un barrio lleno de papelerías. Al parecer el sitio donde vivo queda en un piso alto de uno de muchos edificios cuyos primeros niveles están dedicados a estos negocios; los callejones se parecen a los que viera en Shinjuku en 2006. Inclusive los dependientes son japoneses. Sé que pronto tendré que mudarme, lo cual me aflige ya que adoro las papelerías y los intrincados corredores de este lugar están cubiertos de estanterías repletas de libros. Recorro el lugar sin rumbo fijo. Me encuentro con Gianrico en un espacio amplio, entapetado, y sostenemos una conversación. Noto que usa botas vaqueras color fucsia.

4.
He sido forzada a trabajar de hostess para un señor igualito al viejo sádico de L'Histoire d'O, quien a su vez se parece a Julio Del Mar. Mis amigas del colegio están ahí también y comentan que ninguno de los bikinis disponibles para que nos pongamos me quedan. "Necesitas un bikini muuuuy grande", me dicen. No estoy dispuesta a venderme y estoy angustiada. El viejo sádico me regaña por quejarme, y yo le digo que cuando me examinaron "me tocaron como a una mesa". Pido permiso para ir a una droguería y conseguir Veet para depilarme las piernas. Mi cliente, estudiante setentero de Yale, canta "Hablemos del amor" de Raphael y pregunta por mi veredicto. Le digo que Raphael canta mejor. Me alivia enterarme de que mi cliente sólo quiere que cante bolero para él y sus amigos. Aún así, estoy obligada a ponerme el dichoso bikini, pero el viejo sádico y el cliente setentero me interrumpen repetidas veces, ya sea para regañarme o para contarme anécdotas.

5.
Nado en una piscina natural dentro de una gruta a la que le llega la luz del sol desde arriba. Me sorprendo de mi propia habilidad en el agua. De pronto alguien me hace notar que la piscina está llena de ratas muertas. Con más asco que terror procuro evadir sus peludos y grises cadáveres mientras salgo de ahí.