Estaba con Ovidio en un apartamento bonito de colores cálidos, como que con luz de atardecer sobre adoquines. Creo que lo hacía reír. Le veía la cara muy de cerca. De repente ya no estaba él sino Susan Sarandon, con quien al parecer yo tenía un romance. Me parece que ella estaba un poco escéptica ante mis avances, pero le gustaba estar conmigo. Yo tenía que ir al baño; mientras estaba sentada veía por una rendija a una niña pasar corriendo.

Ahora seguía sentada en una taza, pero ya no en un baño sino en medio del hall de entrada de un centro de convenciones en Tokio. Una señora me preguntaba en japonés si sabía adónde debía ir para quién sabe qué evento y ella hacía un par de preguntas en la recepción. Duraba ahí mucho tiempo sin importarme que todo el mundo me estuviera viendo, pero algo preocupada porque gracias al estreñimiento estaba acaparando el sanitario. De pronto me daba cuenta de que otra vez estaba teniendo un sueño donde estaba estreñida mas no avergonzada en un lugar donde todos me podían ver.

Volví a conciliar el sueño y vi un episodio de una serie animada que, según tenía entendido, era The Simpsons. Homero intentaba ganar dinero de maneras muy absurdas. Por quemarse las manos poniéndolas sobre algún metal al rojo le pagaban ¥490. Entonces salía un pez del agua y el aire se convertía en agua, o al menos se volvía respirable para el pez, y de arriba salía una legión de pastos a perseguirlo. Al parecer ese cambio en la dimensión había sido culpa de Homero. Ese era el final del capítulo y el pez nadaba rapidísimo hasta convertirse en el logo de la productora de televisión.

Ahí sí desperté.

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