Le enseñaba a la gente que el subjuntivo de los verbos terminados en -zar —como realizar y comenzar— se escribe con c: realice, comience. Estaba orgullosa de dar esa lección y que ahora todo el mundo pudiera escribir bien esas palabras.
Soñé con
buses,
Colombia,
cosas horribles,
cuestiones de género,
familia,
romance,
viajes
20100817
18:43
Soñé que iba de paseo con mi familia a un municipio muy alejado, escondido entre rocas. Preguntábamos cosas a los que vivían ahí. Me daba miedo que la guerrilla fuera a emboscar nuestro bus de regreso.
Luego yo era modelo y trabajaba con más modelos. En un photoshoot muy sexy me daba besos con un modelo que luego se sentía súper mal porque yo le había quitado su gaydad.
Luego yo era modelo y trabajaba con más modelos. En un photoshoot muy sexy me daba besos con un modelo que luego se sentía súper mal porque yo le había quitado su gaydad.
Hablaba con mi prima de Barranquilla. Ella me recomendaba unas empanadas de una tiendita de esas de caseta. Le pedía direcciones para llegar a esa caseta. Quedaba en una esquina de la glorieta de la 19 con 3, costado nororiental. Me preguntaba si no sería peligroso comer empanadas de caseta.
"Iterar". La palabra se repetía de manera insoportable. Iterar esa operación. Números y símbolos confusos. Iterar, iterar, iterar.
Estaba esperando un bus cerca de Cafam de La Floresta. Pasaba Himura caminando por ahí, yo lo saludaba y él me trataba mal. Lo llamaban al celular y él explicaba que se había encontrado con "el Che". "El Che" era el nombre que usaba para referirse a mí.
Mi apartamento en Tsukuba, un lugar grande, oscuro y con escaleras de madera, daba contra un campo inmenso y vacío. Era un día soleado. Por el aire volaba una especie de zeppelin de forma fálica de papel brillante morado (como el de las bombas de feliz cumpleaños). Estaba asomada a la ventana junto a alguien y lo veía caer sobre el campo. Se inflaba y explotaba, despidiendo cientos de condones por todos lados. Yo no me inmutaba. Sabiendo que cualquier posibilidad de sexo en mi vida se encontraba reducida a cero, no hacía nada por tomar ninguna de aquellas muestras gratis. De todas maneras caía un sobre de muestra de lubricante sobre el alféizar. Leía la etiqueta: había sido fabricado en un laboratorio de Loras College. Lo guardaba en una estantería de libros muy oscura ubicada al lado de la ventana.
Tenía un control remoto modernizador de cosas. Lo apuntaba a un puente peatonal en Colina Campestre y se volvía más brillante, con un diseño más curvo, metal y vidrio. Todo lo modernizado era plateado. Lo apuntaba a más cosas. Pensaba que debía llamar a j.
Iba con Cavorite por una ciclorruta en bici. Le decía que me hacían falta sus besos. Me besaba. Me besaba el lunar. Me daba pena porque había gente alrededor. Estaba contenta.
Estaba en un restaurante grande y muy fino donde vendían bagels en Bogotá. Pedía un sampler de muchos sabores que había comido la última vez que había estado allí, pero ya no lo ofrecían. Hacía énfasis en que quería un bagel de algún sabor ácido. También pedía una bebida como de té con chocolate. Recordaba los de fresa con sour cream que sobraban de los eventos en Loras. La cuenta salía por $28800, pero no estaba segura de si me habían cobrado o no. Me sentaba a comer y por un momento pensaba que me habían robado la billetera, pero no. El bagel sabía a salmón. Disgusto.
Estaba en un restaurante grande y muy fino donde vendían bagels en Bogotá. Pedía un sampler de muchos sabores que había comido la última vez que había estado allí, pero ya no lo ofrecían. Hacía énfasis en que quería un bagel de algún sabor ácido. También pedía una bebida como de té con chocolate. Recordaba los de fresa con sour cream que sobraban de los eventos en Loras. La cuenta salía por $28800, pero no estaba segura de si me habían cobrado o no. Me sentaba a comer y por un momento pensaba que me habían robado la billetera, pero no. El bagel sabía a salmón. Disgusto.
- Vivía en un parque de atracciones con mi hermana. Todo parecía sacado de un storyboard de Blancanieves o Bambi. Intentaba tomarme una foto para ilustrar lo absurdo de mi situación pero una señora grande (no sé si gringa o alemana) hacía que cerráramos todas las ventanas para que no pareciera que el lugar fuera lo que era.
- Esperaba un bus en una esquina sobre un potrero.
- Hablaba con Caster Semenya. Me preguntaba por qué dudaban de su identidad sexual si para mí era claro que era una mujer.
Mi hermana me preguntaba: "Del período cretácico, ¿cuál es tu animal favorito?" Yo iba a responder que el tiranosaurio, pero ahí mismo caía en cuenta de que ese no porque era del período jurásico.
Estaba en una juguetería llena de juguetes de madera de colores, como los que abundaban cuando yo era chiquita. Había muchas piezas en forma de letras. También había Barbies viejas con los pies mordisqueados y el pelo tieso. Yo buscaba una Barbie sesentera de las que venden en Kiddy Land y lamentaba no haberla comprado cuando vivía en Japón. Tenía sentido que no la tuvieran, si todas las muñecas de la tienda eran claramente usadas y la que yo quería era nueva.
Estaba en el palacio de Versalles. Estaba lleno de cosas barrocas que no me gustaban pero reconocía el mérito de los restauradores. Aparecía Madonna (joven) y me contaba que estaba triste porque siempre tenían que photoshopearla y no podía ser ella misma en público. Era pelinegra y crespa como en el video de "Like a Prayer". Yo quería darme besos con ella pero me tenía que ir a bañar.
Había un video en televisión sobre cómo cuando j. estaba en el servicio militar lo habían agredido durante una manifestación. Yo no sabía que era él hasta que hacían un acercamiento al pobre patrullero golpeado y reconocía la cara.
Llegaba a trabajar en lo de hablar con ancianos vestida de colores y la jefa nos mandaba a mí y a otros compañeros a devolvernos y cambiarnos por pintas monocromas. Me iba. De pronto una doctora me diagnosticaba diabetes y dictaminaba que había que amputarme la pierna izquierda. Al principio yo me mostraba estoica ante la decisión, pero cuando llegaba la hora de la operación yo me echaba a llorar del terror y le decía a doctora que por qué me iban a operar si la pierna no me dolía en absoluto. La doctora me decía que a mi edad a ella ya la habían operado de diabetes, que yo no me había cuidado y por eso ahora tenía la pierna como la tenía. Le decía que al menos ella podía llegar a vieja caminando, pero a mí me quedaría el resto de la vida sin poder hacerlo. Bajaba escaleras rápido solo como para no olvidar esa sensación después. Llegaban mis papás, me traían unas uvas chiquitas medio transparentes deliciosas y mi papá decía que adelante con la operación. Yo pensaba que me daría menos miedo si hubiera plata para una de esas prótesis atléticas con la cual pudiera correr. No obstante, me aterrorizaba pensando en el fenómeno de la pierna fantasma. Insistía. A mí no me estaba doliendo la pierna, no entendía por qué habría de perderla. La doctora me volvía a examinar. Me apretaba las piernas en busca de dolor. Mis piernas estaban descamadas y tenían las venas hinchadas. Todo el tiempo pensaba que tal vez la amputación tendría lugar no debido a la diabetes sino al erythema ab igne, que esto me estaba ocurriendo por haber dejado la pierna cerca del radiador demasiado tiempo durante el invierno. Maldecía mi ignorancia frente a las fuentes de calor.
Cuando desperté, me di cuenta de que estaba dejando la pierna izquierda quieta. No empecé a moverla sino hasta por ahí media hora después.
Llegaba a trabajar en lo de hablar con ancianos vestida de colores y la jefa nos mandaba a mí y a otros compañeros a devolvernos y cambiarnos por pintas monocromas. Me iba. De pronto una doctora me diagnosticaba diabetes y dictaminaba que había que amputarme la pierna izquierda. Al principio yo me mostraba estoica ante la decisión, pero cuando llegaba la hora de la operación yo me echaba a llorar del terror y le decía a doctora que por qué me iban a operar si la pierna no me dolía en absoluto. La doctora me decía que a mi edad a ella ya la habían operado de diabetes, que yo no me había cuidado y por eso ahora tenía la pierna como la tenía. Le decía que al menos ella podía llegar a vieja caminando, pero a mí me quedaría el resto de la vida sin poder hacerlo. Bajaba escaleras rápido solo como para no olvidar esa sensación después. Llegaban mis papás, me traían unas uvas chiquitas medio transparentes deliciosas y mi papá decía que adelante con la operación. Yo pensaba que me daría menos miedo si hubiera plata para una de esas prótesis atléticas con la cual pudiera correr. No obstante, me aterrorizaba pensando en el fenómeno de la pierna fantasma. Insistía. A mí no me estaba doliendo la pierna, no entendía por qué habría de perderla. La doctora me volvía a examinar. Me apretaba las piernas en busca de dolor. Mis piernas estaban descamadas y tenían las venas hinchadas. Todo el tiempo pensaba que tal vez la amputación tendría lugar no debido a la diabetes sino al erythema ab igne, que esto me estaba ocurriendo por haber dejado la pierna cerca del radiador demasiado tiempo durante el invierno. Maldecía mi ignorancia frente a las fuentes de calor.
Cuando desperté, me di cuenta de que estaba dejando la pierna izquierda quieta. No empecé a moverla sino hasta por ahí media hora después.
Vivía en Lyon. Me pasaba el tiempo paseando en un tren que no era subterráneo. Cruzaba el Rhône y el Saône como se cruza el Han en Seúl. La Presqu'île tenía unas ruinas grandes de edificios destruidos en la guerra al estilo del domo de Hiroshima. Las ruinas tenían columnas torcidas que colgaban hacia afuera. Yo pensaba que me aburría mucho en la ciudad, que j. tenía razón cuando vivía ahí y se aburría también.
Llegaba a un Carrefour que aún no estaba abierto. Cuando al fin se podía entrar mi mamá me ponía a elegir chocolates. Yo veía puros Hershey's pero quería Lindt.
Al anochecer me ponían a fumar una pipa larguísima que expelía un humo rarísimo, como una versión gaseosa de un tafetán rojo de visos verdes. Decían que lo que uno fumaba era sangre de serpiente o algo así. Uno la veía hervir por un orificio de la pipa. Había que meterse en un río para fumar. Cuando exhalaba botaba fuego por la boca, pero no me quemaba. La señora que estaba a cargo de esta ceremonia me decía que como había tomado cinco bocanadas, iba a ver cinco alucinaciones que eran mis cinco problemas principales. Me explicaba el primero. Creo que me decía que yo no creía en mí o que tenía miedo de algo, pero eso bien puedo estar inventándomelo. Le decía que tenía razón.
Hablaba con una japonesa. Me decía que uno de los sueños de su vida era conocer a alguien cuya lengua materna fuera el español. Yo traducía en mi cabeza al español la frase "alguien cuya lengua materna sea el español" y pensaba que este idioma las frases suelen complicarse al traducir.
Llegaba a un Carrefour que aún no estaba abierto. Cuando al fin se podía entrar mi mamá me ponía a elegir chocolates. Yo veía puros Hershey's pero quería Lindt.
Al anochecer me ponían a fumar una pipa larguísima que expelía un humo rarísimo, como una versión gaseosa de un tafetán rojo de visos verdes. Decían que lo que uno fumaba era sangre de serpiente o algo así. Uno la veía hervir por un orificio de la pipa. Había que meterse en un río para fumar. Cuando exhalaba botaba fuego por la boca, pero no me quemaba. La señora que estaba a cargo de esta ceremonia me decía que como había tomado cinco bocanadas, iba a ver cinco alucinaciones que eran mis cinco problemas principales. Me explicaba el primero. Creo que me decía que yo no creía en mí o que tenía miedo de algo, pero eso bien puedo estar inventándomelo. Le decía que tenía razón.
Hablaba con una japonesa. Me decía que uno de los sueños de su vida era conocer a alguien cuya lengua materna fuera el español. Yo traducía en mi cabeza al español la frase "alguien cuya lengua materna sea el español" y pensaba que este idioma las frases suelen complicarse al traducir.
Vivía en un dormitorio en Tsukuba. Ya se iba a acabar mi estadía en el lugar cuando me daba cuenta de que una niña de mi curso también estaba allá. Me contaba que había pensado en suicidarse. Pese a que nunca había tratado con ella en mis años de colegio, me daba pesar haberme enterado tan tarde de que tenía una vecina con la que habría podido hablar.
Soñé que estaba leyendo uno de los libros que me regaló j (Jardines de Kensington, de Rodrigo Fresán). Me asombraba estar avanzando tan rápido en la lectura.
Estaba en Seúl buscando lugares interesantes para conocer según el mapa del metro y decidía ir a un monte cuyo nombre nunca llegaba a pronunciar bien (a veces me equivocaba y decía Ararat pero el nombre era más parecido a Arirang). Me encontraba con una pareja joven coreana que me ofrecía helado. Me hablaban en coreano. La mujer decía "oishii!" al probarlo y yo pensaba "hm, 'delicioso' en coreano suena igual que en japonés". Yo respondía al principio en japonés ("tashika ni oishii"—"en efecto, delicioso"), pero me daba vergüenza y les hablaba en inglés. Ellos también sabían inglés, pero luego el hombre me hablaba en japonés. Me decían que el monte Arirang era aburrido, que no había nada que hacer allá.
Como estaba haciendo cambio de trenes para ir a Arirang pero al fin resultaba mejor no ir, me quedaba donde estaba, que sería quién sabe en dónde. Había un lago con un bote grandísimo lleno de agua. Al parecer esto ya no era Corea y yo había estado esperando durante mucho tiempo la oportunidad de montar en bote sobre ese bote. Un bote dentro de un bote dentro de un lago. Los botes parecían tinas de bebé. Lo atractivo del plan era que el bote grande se movería a toda velocidad en el lago y los botes pequeños serían arrastrados. Era divertido. Divertido hasta que me daba cuenta de que uno de los botecitos estaba hecho de palma tejida y estaba lleno de niños indígenas apeñuscados, tirados ahí bajo el sol. Ya en tierra firme le preguntaba al dueño de la atracción el porqué de los niños desnudos hacinados. El señor decía que se trataba de recrear vívidamente la experiencia de estar en el Amazonas. Pero los niños están ahí sufriendo, decía yo. Oh, no, a ellos les gusta estar así, respondía él.
De pronto estaba buscando un bus/tram de regreso no sé adónde. Estaba pagando el tiquete en el torniquete de entrada de la estación y veía cómo se me pasaba bus tras bus mientras yo buscaba monedas de 50 y 10 won en la billetera.
Como estaba haciendo cambio de trenes para ir a Arirang pero al fin resultaba mejor no ir, me quedaba donde estaba, que sería quién sabe en dónde. Había un lago con un bote grandísimo lleno de agua. Al parecer esto ya no era Corea y yo había estado esperando durante mucho tiempo la oportunidad de montar en bote sobre ese bote. Un bote dentro de un bote dentro de un lago. Los botes parecían tinas de bebé. Lo atractivo del plan era que el bote grande se movería a toda velocidad en el lago y los botes pequeños serían arrastrados. Era divertido. Divertido hasta que me daba cuenta de que uno de los botecitos estaba hecho de palma tejida y estaba lleno de niños indígenas apeñuscados, tirados ahí bajo el sol. Ya en tierra firme le preguntaba al dueño de la atracción el porqué de los niños desnudos hacinados. El señor decía que se trataba de recrear vívidamente la experiencia de estar en el Amazonas. Pero los niños están ahí sufriendo, decía yo. Oh, no, a ellos les gusta estar así, respondía él.
De pronto estaba buscando un bus/tram de regreso no sé adónde. Estaba pagando el tiquete en el torniquete de entrada de la estación y veía cómo se me pasaba bus tras bus mientras yo buscaba monedas de 50 y 10 won en la billetera.
Soñé que j. se cortaba el pelo y ya no tenía que recogérselo. Se veía como en sus fotos viejas, aunque con la cara de ahora. Yo le preguntaba por qué lo había hecho en Corea y no se había esperado hasta regresar a Bogotá. No obtenía respuesta.
- Estaba en Crepes & Waffles con mi familia y pedía un helado mitad naranja-canela (debería existir; eso tiene que ser muy rico), mitad choco rochelle.
- Regresaba a Bogotá y encontraba que había tren urbano. Lo tomaba. Veía por la ventana cómo atravesaba mi barrio y doblaba varias esquinas.
Sueño confuso. En una esquina, segundo piso, vivían las Tortugas Ninja (y Splinter, claro). Había un incendio terrible en un centro comercial. Se armaba el caos. Había gente tirando banderillas (como las de los toros) encendidas al apartamento de las Tortugas Ninja, como para propagar el gran incendio por muchos lugares. Yo hablaba de esto con mi vecino Julián. Era de noche.
Mi tío Ja. iba caminando por la calle conmigo y me decía que extrañaba esa época de la vida en la que uno podía ser uno mismo.
Estaba parada en la cancha de basketball que queda camino a Música en Los Andes. Veía cómo los edificios de las facultades cambiaban, los renovaban, los modernizaban. Recordaba dónde quedaba el Y. Decía que me gustaban mucho las instalaciones de la universidad.
Estaba en una tienda de souvenirs en Chicago. Buscaba imanes. Había varios productos que hacían alusión a la herencia irlandesa. Imanes verdes y dorados con tréboles. De pronto, alguien aparecía en algún pasillo (un señor grandote con camiseta de béisbol) y me pasaba un teléfono. Era una llamada para mí: mi tío Ju. y mi primo JF.
Me inventaba una excusa para volver a Suiza. Tenía algo muy importante que hacer, una especie de papeleo. Corría por la calle y miraba los letreros alrededor para saber a qué parte del país había llegado. Todo en francés. Todo en Helvetica. Ginebra. Ahora tendría una oportunidad para volver a ver a Cavorite. Hacía cálculos de cuántos días podría faltar a clase antes de tener que regresar. Si me quedo hasta el fin de semana, pensaba, podría proponerle que vayamos a Zermatt.
Pero entonces, de repente, caía en cuenta de que había llegado sin visa. No me habían revisado en el aeropuerto a mi arribo, pero temía mucho que fueran a hacerlo en la partida. Sabía que tendría que calmarme porque ya no había nada que hacer. De todas maneras tenía planes de volver a Suiza así de rápido todavía una vez más, muy pronto.
Pero entonces, de repente, caía en cuenta de que había llegado sin visa. No me habían revisado en el aeropuerto a mi arribo, pero temía mucho que fueran a hacerlo en la partida. Sabía que tendría que calmarme porque ya no había nada que hacer. De todas maneras tenía planes de volver a Suiza así de rápido todavía una vez más, muy pronto.
Estaba en Japón, en una tienda tipo Loft o Muji con j. Ibamos a comer —la tienda tenía restaurante incluido— pero solo quedaban quince minutos para ordenar. j. se iba a mirar cosas por ahí mientras yo miraba el menú. Había pizza de mazorca con mayonesa (esto existe de verdad). No me llamaba mucho la atención. Una cajera se ponía a explicarme (en japonés, claro) una promoción según la cual si compraba tal cosa me regalaban una bolsa de tela blanca más bien fea. Yo le decía que solo me quedaba un minuto para ordenar y ella se me lo estaba gastando. Ella me decía que esperara a que ella terminara y tomaría mi orden como si estuviéramos a tiempo. Yo hacía un comentario gracioso, ella se reía y de pronto se daba cuenta de que había perdido el hilo del discurso que venía soltando de memoria como buena vendedora japonesa. Me lo hacía saber entre risitas, casi como si estuviera aliviada de haber tenido un instante de espontaneidad. Me alegraba haber causado esa ruptura en su cabeza. Ah, los japoneses y sus cortocircuitos.
Al fin yo no ordenaba nada. Me retiraba de la caja hacia la puerta de vidrio. Veía exhibido un catre plegable (como esos que se le doblan al Pato Donald estando dentro como un sándwich) color naranja, de plástico con huecos circulares grandes. Bluelephant volvía de su expedición por el almacén. Le preguntaba si había encontrado algo bueno para comer. Me decía que no. Yo tampoco. Salíamos.
Al fin yo no ordenaba nada. Me retiraba de la caja hacia la puerta de vidrio. Veía exhibido un catre plegable (como esos que se le doblan al Pato Donald estando dentro como un sándwich) color naranja, de plástico con huecos circulares grandes. Bluelephant volvía de su expedición por el almacén. Le preguntaba si había encontrado algo bueno para comer. Me decía que no. Yo tampoco. Salíamos.
Alguien ensayaba a hacerme un peinado extraño pero bonito. Había una fuente hermosa en el sitio donde me encontraba. Al parecer era más linda en invierno. Creo que también me probaba unos vestidos, o yo estaba aprendiendo a hacer vestidos.
Por alguna razón tenía que usar en secreto el baño de un edificio. Entraba. Los interruptores eran como en Suiza. Dejaba la puerta abierta. Una señora me pillaba y llegaba corriendo al baño dispuesta a pegarme. Yo cerraba la puerta, pero ya era demasiado tarde. Ella la abría violentamente y me encontraba haciendo cara de inocente, sentada. Yo le decía (sin pararme) que solo era una niña que necesitaba el baño. Ella se disculpaba.
Por alguna razón tenía que usar en secreto el baño de un edificio. Entraba. Los interruptores eran como en Suiza. Dejaba la puerta abierta. Una señora me pillaba y llegaba corriendo al baño dispuesta a pegarme. Yo cerraba la puerta, pero ya era demasiado tarde. Ella la abría violentamente y me encontraba haciendo cara de inocente, sentada. Yo le decía (sin pararme) que solo era una niña que necesitaba el baño. Ella se disculpaba.
Estaba buscando señal de celular para mi iPhone en China, pero mi proveedor me castigaba desconfigurándolo durante 24 horas. Encontraba una especie de señal pirata (china, jajaja) que me mostraba cosas rosadas y brillantes en chino. Yo estaba buscando el contacto de Himura porque había quedado de verme con él. Era una búsqueda infructuosa.
Todo esto sucedía mientras yo estaba en una especie de sala VIP de un centro comercial chino con mi mamá. Yo le explicaba que todos estos servicios eran carísimos para los chinos pero baratísimos para nosotros. Uno de los servicios (para relajación) era ponerle a uno cachorritos a que le chuparan a uno los dedos de la mano. Yo tenía perritos a cada lado y no podía quitármelos de encima.
"No sé si se siente bien o mal", le decía a mi mamá.
Después me pasaban otros perritos pero estos tenían dientes. La sensación seguía siendo un poco desagradable.
De repente resultaba que no estaba esperando poder comunicarme con Himura sino que debía haberme ido a mediodía en tren para encontrarme con Cavorite en algún pueblo europeo. Ahora eran las 5 de la tarde y quién sabe cómo había dejado pasar tanto tiempo.
Pero seguía en China. Ahora una china pequeñita y flaquita me hacía masajes en el cuello y hombros.
Todo esto sucedía mientras yo estaba en una especie de sala VIP de un centro comercial chino con mi mamá. Yo le explicaba que todos estos servicios eran carísimos para los chinos pero baratísimos para nosotros. Uno de los servicios (para relajación) era ponerle a uno cachorritos a que le chuparan a uno los dedos de la mano. Yo tenía perritos a cada lado y no podía quitármelos de encima.
"No sé si se siente bien o mal", le decía a mi mamá.
Después me pasaban otros perritos pero estos tenían dientes. La sensación seguía siendo un poco desagradable.
De repente resultaba que no estaba esperando poder comunicarme con Himura sino que debía haberme ido a mediodía en tren para encontrarme con Cavorite en algún pueblo europeo. Ahora eran las 5 de la tarde y quién sabe cómo había dejado pasar tanto tiempo.
Pero seguía en China. Ahora una china pequeñita y flaquita me hacía masajes en el cuello y hombros.
Estábamos en una convención de programas de ciencia ficción. Veía a Brent Spiner. Encontrábamos a Leonard Nimoy disfrazado de Bela Lugosi en su rol de Drácula. Nimoy le hablaba a Cavorite pero no a mí. Estaba emocionada de tenerlo al frente, pero ¡quería que me hablara a mí! Al fin y al cabo Cavorite no era fan de Star Trek y yo sí.
Me agarraba a puños con Himura. Yo sentía el dolor del puño en mi cara, pero con todas mis fuerzas le mandaba golpes y más golpes. Estaba llena de ira.
En una especie de delirio provocado por la cama demasiado angosta, soñé que Cavorite y yo éramos páginas (o láminas) de un libro y teníamos que acomodarnos tan planos como pudiéramos para caber en él.
Iba a un lugar desde el que se veían unas cataratas hermosas, supuestamente en Ibaraki. Alguien mencionaba Nikko (pero Nikko es en Tochigi). Una señora me hablaba en japonés. Ahora que lo pienso, el paisaje montañoso tras las cataratas era un poco reminiscente de la bahía de Ha Long. Bajaba una cuesta por unas escaleritas (como en las cavernas de Ha Long) y encontraba muñecos de nieve sin ojos pero con huecos donde los ojos deberían ir; alguien me hablaba de niños ciegos que trabajaban. Escuchaba una melodía en mi cabeza: no era tan chévere como las de sueños anteriores.
Tenía que salir a hacer una diligencia en la alcaldía de Tsukuba pero había una tormenta de nieve terrible. Pensaba en mis medias abrigadas de rayas y mis botas de invierno que ya están sacando la mano. De repente estaba en una estación de tren y veía que no podía entrar a determinados vagones. Había letreros en japonés. Por supuesto, si estaba en Japón.
Estaba en un supermercado en Bogotá. Compraba varias cosas para llevar al extranjero. Alguien me hacía llevar chiles de esos grandes y anaranjados. Iba a llevar muchas bolsas de leche pero al final pensaba dejar eso para el final. La cajera me preguntaba dónde había estado yo a las 12:30, yo le respondía que en la cafetería del supermercado. La cajera decía que no podía registrar mi compra porque alguien más ya había comprado con su tarjeta puntos. Yo le decía que esa había sido mi mamá, que había comprado cosas para sí, pero esta era una compra diferente y esto era todo para mí. Después de pagar me daba cuenta de que había olvidado comprar jugo y tenía mucha sed. Me detenía frente a un montacarga lleno de cajitas de jugo y me quedaba pensando qué sabor extrañaba más. Descartaba uno de bayas.
De pronto estaba en un carro con una amiga del colegio (la que estudia alemán) y sus amigos. Se veían los cerros de Bogotá. Salíamos del parqueadero del supermercado y llegábamos a un edificio. Yo ayudaba a subir un jarrón gigantesco a un penthouse de tres pisos. Al alcanzar el tercer piso me encontraba con todos mis abuelitos, una tía abuela hermana de mi abuelo paterno que creo que ya murió y más personas mayores que no conocía. Estaban sentados en sofás beige como los de la casa de mi tía abuela (la hermana de mi abuela materna). Los saludaba de beso a todos.
De pronto estaba en un carro con una amiga del colegio (la que estudia alemán) y sus amigos. Se veían los cerros de Bogotá. Salíamos del parqueadero del supermercado y llegábamos a un edificio. Yo ayudaba a subir un jarrón gigantesco a un penthouse de tres pisos. Al alcanzar el tercer piso me encontraba con todos mis abuelitos, una tía abuela hermana de mi abuelo paterno que creo que ya murió y más personas mayores que no conocía. Estaban sentados en sofás beige como los de la casa de mi tía abuela (la hermana de mi abuela materna). Los saludaba de beso a todos.
Algo me decía que si mezclaba todo lo que pienso y todo lo que escribo y cualquier teoría con no pensar tanto, todo saldría mejor. Sentía que tenía ideas pero no podía entenderlas bien. Me estiraba para intentar entender y por un segundo las vislumbraba perfectamente, pero ahí mismo se perdían y yo sentía que daba vueltas y vueltas en la cama, desesperada. Y la verdad es que estoy un poco desesperada y con un empacho de ideas horripilante.
Tenía una cama que no usaba para dormir sino como mesa para dejar cosas como el computador. La casa donde vivía tenía barandas blancas, y la cama era blanca también.
Estaba pensando en caminar descalza sobre la nieve.
Sawako (amiga de Yin) estaba haciendo un experimento y tenía que encerrarse toda la noche en un refugio especial para llevarlo a cabo. Yo iba a visitarla antes de que empezara. Hablábamos en japonés (tal como en la realidad). Me pedía que me quedara un rato más porque estaba muy feliz de verme. El refugio estaba rodeado de nieve y hielo, pero adentro estaba bien equipado.
Estaba pensando en caminar descalza sobre la nieve.
Sawako (amiga de Yin) estaba haciendo un experimento y tenía que encerrarse toda la noche en un refugio especial para llevarlo a cabo. Yo iba a visitarla antes de que empezara. Hablábamos en japonés (tal como en la realidad). Me pedía que me quedara un rato más porque estaba muy feliz de verme. El refugio estaba rodeado de nieve y hielo, pero adentro estaba bien equipado.
Me daban a probar speed en una tableta de chocolatina. La persona que me la estaba regalando partía dos tabletas gruesas como las de Côte d'Or. Caían miguitas. Guardaba una en el bolsillo y la otra me la llevaba a la boca, esperando el efecto. Pensaba, mientras el corazón se me aceleraba y veía todo correr a gran velocidad, que era apenas de esperarse que me estuvieran dando esto gratis para inducir adicción y luego sí cobrarme.
Creo que alcancé a despertar brevemente. Volví a caer. Hablaba con un grupo de amigas que al parecer tenían relaciones lésbicas entre sí pero se iban a casar con hombres para integrarse normalmente a la sociedad. A una de ellas le gustaba elaborar orejas de conejo con ganchos de ropa.
Creo que alcancé a despertar brevemente. Volví a caer. Hablaba con un grupo de amigas que al parecer tenían relaciones lésbicas entre sí pero se iban a casar con hombres para integrarse normalmente a la sociedad. A una de ellas le gustaba elaborar orejas de conejo con ganchos de ropa.
Hablaba por Skype con una amiga del colegio, pero ella prendía la opción de video sin acordarse de que estaba desnuda. Yo me hacía la loca y procuraba no mirar mientras ella, desesperada al darse cuenta, buscaba cómo apagarlo.
Cavorite me contaba con toda seriedad que existen familias en las que ningún miembro ha tocado nunca una guitarra en su vida. Espeluznante.
Estaba en Bogotá, montando mi bici por un separador sobre la calle 68 a la altura de Metrópolis. Sin embargo, Metrópolis estaba en construcción y era mucho más extenso de lo que es en realidad. Avanzaba por una ciclorruta hasta que esta desaparecía y yo solo montaba sobre el pasto, entre unos matorrales. Resultaba en un parque lleno de arena. Iba a parquear la bici en un rincón tras unas graderías, pero encontraba un montón de cadenas rotas en el suelo. Pensaba que en Japón no andan rompiendo cadenas para robarse las bicicletas y buscaba un lugar diferente para parquear la mía, uno donde yo pudiera estar pendiente de ella.
Anoche soñé con Star Trek. Mi equipo (no sé de qué) y yo teníamos que hacernos pasar por vulcanos no recuerdo para qué. Lo estábamos logrando lo más de bien pero un señor del equipo se ponía nervioso y empezaba a disparar a diestra y siniestra. Los vulcanos de verdad se extrañaban. Yo le decía al señor que no tenía por qué disparar si nos estábamos camuflando lo más de bien. Entrábamos adonde teníamos que entrar. Veía unas insignias metálicas en unos mostradores. Parecían hebillas de cinturón o el escudo de Hyundai.
Volví a dormitar y soñé que me reencontraba con Cavorite. Me daba muchos besos cortitos y yo me reía de la emoción de volver a estar con él. Luego encontraba un mail de Ovidio que tenía por asunto "Olavia!!! :)" y decía que le había gustado una canción mía.
Soñé con un video que mostraba mi interacción con una comunidad aparentemente polinesia en un país donde yo había vivido, en la frontera con Vietnam. Yo pensaba mientras veía la grabación que no sabía que había vivido en Australia. De fondo sonaba una canción buenísima cuya melodía acabo de olvidar pero cuyo estribillo decía "over my head". Sigo tratando de recordar.
Estaba en un viaje, creo que a Hawaii. Había un argentino que quería tener algo conmigo, pero mientras discutíamos se me caía el iPhone desde un segundo piso sobre una avenida de varios carriles y los carros lo aplastaban. El argentino se burlaba pero yo estaba muy afligida porque tendría que destinar a la compra de un nuevo aparato parte de la plata que estaba ahorrando para mi viaje a Suiza. Le decía entonces que gracias a este accidente él y yo no podríamos tener una relación a distancia pues no habría cómo contactarme en Japón. Yo sabía que estaba mintiendo y pensaba en lo interesante que era saber que esto se acabaría al momento de poner un pie en el avión y yo no volvería a verlo nunca más en mi vida. Al fin me resignaba a la pérdida —del aparato—, pero resultaba en un bote desde el cual se me caía todo el contenido de mis bolsillos. Yo me lanzaba al agua a recoger lo que más pudiera, preguntándome cómo sería no darse cuenta de la pérdida sino cuando fuera demasiado tarde.
Estaba en un paseo de la universidad en un recinto cerrado en Japón, no sé si era un museo o qué. Iba a tomar una foto pero me daba cuenta de que había sacado dos pilas de la cámara para usarlas en el mouse (lo cual es cierto), así que iba a una máquina dispensadora y compraba un rollo y una especie de película que hacía que los colores se vieran más vivos. La máquina no me daba sino un recibo y me tocaba ir a un restaurante pequeñito a reclamar mi mercancía. Mientras tanto, una señora no hacía sino apurarme porque estaba retrasando la visita.
Estaba en mi casa en Bogotá, usando el computador grande del estudio. En Internet encontraba un artículo sobre la niña de mi curso que vivió en Bélgica. En él se revelaba que ella era Olavia Kite, y alababan su obra literaria. ¡Pero cómo, si la verdadera Olavia Kite era yo! Yo pensaba que nadie me había entrevistado, así que cómo iban a saber. No obstante, no estaba brava con la niña del malentendido, pues tenía la certeza de que ella no sabía de la existencia del artículo.
Llegaba a Nueva York y aparecía un hiphopero puertorriqueño que aseguraba que nos habíamos encontrado en 2008. No sé por qué le creía, tal vez por cortesía (como cuando a uno le dicen "¿te acuerdas de mí?" y uno "sí, sí" pero en realidad ni idea). El señor me acompañaba al barrio donde vivía Minori, me ayudaba con mi maleta de mano e intentaba besarme pero se arrepentía por ser casado. Yo pensaba en Cavorite.
Después de caminar mucho por calles llenas de casas de colores, llegábamos a nuestro destino y yo me daba cuenta de que mi maleta más grande no estaba por ninguna parte. Le preguntaba al puertorriqueño, quien me decía que se había quedado en el aeropuerto. Desesperada, intentaba devolverme, pero el hiphopero me decía que era peligrosísimo, y los buses que salían desde ahí solo iban a La Guardia (¡como los buses que salían del barrio de Minori de verdad!). Entonces de un edificio emergía Minori al haberme oído gritar y espantaba de algún modo al señor, llamándolo timador y no sé qué más. Me invitaba a pasar y me empezaba a regañar que por boba e ingenua.
Después de caminar mucho por calles llenas de casas de colores, llegábamos a nuestro destino y yo me daba cuenta de que mi maleta más grande no estaba por ninguna parte. Le preguntaba al puertorriqueño, quien me decía que se había quedado en el aeropuerto. Desesperada, intentaba devolverme, pero el hiphopero me decía que era peligrosísimo, y los buses que salían desde ahí solo iban a La Guardia (¡como los buses que salían del barrio de Minori de verdad!). Entonces de un edificio emergía Minori al haberme oído gritar y espantaba de algún modo al señor, llamándolo timador y no sé qué más. Me invitaba a pasar y me empezaba a regañar que por boba e ingenua.
Primero fue un sueño erótico con Cavorite. Nada diferente de lo que se haría habitualmente.
Luego estaba en una librería gigantesca con mis padres, quienes me iban a comprar unos libros de Michael Ende. En la torrecita de libros escogidos estaban La historia interminable, Momo y uno desconocido. Al fin yo me decidía solo por el desconocido en vista de que los otros dos los tenía en Colombia, pero cuando lo iban a pagar no lo encontrábamos por ninguna parte. La cajera nos decía que esa era la única copia y yo me ponía triste. Les decía a mis papás "aaaaay, yo quiero un liiiiibro" haciendo pucheros.
Por último soñé algo relacionado con el colegio. No recuerdo casi nada, pero sé que la niña que se casó y se fue a Suiza me ofendía de alguna manera.
Luego estaba en una librería gigantesca con mis padres, quienes me iban a comprar unos libros de Michael Ende. En la torrecita de libros escogidos estaban La historia interminable, Momo y uno desconocido. Al fin yo me decidía solo por el desconocido en vista de que los otros dos los tenía en Colombia, pero cuando lo iban a pagar no lo encontrábamos por ninguna parte. La cajera nos decía que esa era la única copia y yo me ponía triste. Les decía a mis papás "aaaaay, yo quiero un liiiiibro" haciendo pucheros.
Por último soñé algo relacionado con el colegio. No recuerdo casi nada, pero sé que la niña que se casó y se fue a Suiza me ofendía de alguna manera.
Soñé que al fin acomodaba el futón extra para volver a dormir sobre tres capas, como venía haciendo antes de que viniera Chee Siang a quedarse.
Después estaba en un aeropuerto; iba a tomar un vuelo nacional por Avianca, no sé desde dónde ni adónde. Veía a Himura y me hacía la loca, pero me bloqueaba el paso para saludarme. Las azafatas nos interceptaban poco después para hacernos muchas preguntas sobre el menú de a bordo. A mí me preguntaban por traducciones español-inglés de la comida que me iban a dar.
Después estaba en un aeropuerto; iba a tomar un vuelo nacional por Avianca, no sé desde dónde ni adónde. Veía a Himura y me hacía la loca, pero me bloqueaba el paso para saludarme. Las azafatas nos interceptaban poco después para hacernos muchas preguntas sobre el menú de a bordo. A mí me preguntaban por traducciones español-inglés de la comida que me iban a dar.
Anoche soñé que todo mi curso tenía que participar en la final de un reality de modelos. Yo tenía un vestido de esos que parecen un suéter atado con un cinturón ancho y me hacía una especie de bouffant descuidado. Algunas niñas decían que me veía horrible (entre ellas la de pelo liso larguísimo y talla cero), pero otras decían que me veía bien. Intentaba maquillarme pero siempre resultaba con la mitad de la cara pintorreteada de rojo, como si el maquillaje fuera incontrolable. Aquella a la que yo llamaba histriónica me recomendaba que no fuera a desfilar en tacón puntilla, entonces buscaba unos zapatos de tacón bajo.
Otra vez me siento inadecuada en sueños, tal como cuando estaba en el colegio. Otra vez me rodeo de miradas condescendientes y un poco de malicia.
Otra vez me siento inadecuada en sueños, tal como cuando estaba en el colegio. Otra vez me rodeo de miradas condescendientes y un poco de malicia.
Ayayay, qué sueños más malucos he tenidos estas últimas noches:
- Mi hermana y yo tenemos un accidente depilándonos con cera. Yo me miro el costado izquierdo y está lleno de pústulas, sangre y cera pegada.
- Mi tío G. se mete en problemas por prestarle un asador a la mafia. En principio yo soy la única que sabe del peligro que corremos, pero mi abuela paterna pregunta adónde va mi tío con el asador mientras lo ve alejarse. Me angustio y me toca contarle todo.
Estaba en Jerusalén quedándome en un hotel sola. Llevaba hijab. Salía a dar una vuelta, pero decidía volver pronto para usar el wifi de mi cuarto en vez de pagar por un café internet. Entonces llegaba al lobby un grupo de terroristas judías extremistas (entre ellas la chef y la que vive en Canadá con un basset hound, ambas compañeras casadas del curso) y se ensañaban conmigo por ser descendiente de libaneses. La chef tenía un arco y me apuntaba la flecha entre las piernas, así que me veía obligada a acompañarlas a la terraza del hotel, donde vaciarían tubitos de químicos en el tanque de agua para envenenar a todo el mundo. Decían que me perdonarían la vida, así que me quedaba pensando de dónde sacaría el agua para beber este último día mis vacaciones. Ya en la cima del edificio, tras perpetrar el acto, una de las terroristas (desconocida) se lanzaba a besarme el lunar del pecho. Ya envuelta en este entuerto político-religioso, lo mejor que podía hacer era disfrutar aquel ataque personal.
Primero soñé con un paisaje claroscuro, mi conjunto en Bogotá pero con una luz casi que invernal de alto contraste. Yo tomaba fotos y creo que un club de fotografía me estaba rechazando por alguna razón. Me metía en la casa de una compañera de curso en el colegio (la que se fue a Australia, casada en la vida real), la cual quedaba frente a la mía, pero cuando oía la voz del papá a lo lejos salía corriendo. Me asomaba a la ventana de la sala de mi casa. Estaba toda mi familia cantándole el Happy Birthday a mi mamá, y yo quería estar con ellos pese a haber sentido algo de rabia anteriormente, no sé por qué. Entraba atravesando la puerta cerrada (como si fuera un ser incorpóreo) y me reunía con mis papás, dichosa.
Creo que alcancé a despertar un ratito, pero volví a acomodarme. Entonces resultaba en el matrimonio de una niña del curso (la que cumple cinco días después que yo, también casada en la vida real) y la felicitaba justo antes de irme de la fiesta. Había pasado todo el tiempo conversando con otras personas (incluso hablando en contra del matrimonio) y no creía que fuera a poder cruzar palabra con ella. Natalia y yo estábamos contentas de vernos, pero ella me decía algo que daba a entender que me había invitado a su boda por pesar. Yo estaba mal peinada y muy enternecida con ella.
Por último soñé con una animación como de principios de los ochenta (al estilo de aquella de la propaganda de Renault 4, "amigo fiel"). Una voz en off decía que regresar a Bogotá era "como una espuma conocida" mientras aparecía una mujer caminando por una calle del barrio donde queda la casa de mi tía. Entonces, de una alcantarilla que parecía una junta de expansión de un puente, emergía espuma como de Coca-Cola (como la que cae del techo en aquel capítulo de The Big Bang Theory) y a la mujer le daba mucho asco.
En algún punto de esta mezcolanza de sueños se mencionó la palabra "Cavorite", pero no recuerdo cuándo ni cómo ni por qué.
Creo que alcancé a despertar un ratito, pero volví a acomodarme. Entonces resultaba en el matrimonio de una niña del curso (la que cumple cinco días después que yo, también casada en la vida real) y la felicitaba justo antes de irme de la fiesta. Había pasado todo el tiempo conversando con otras personas (incluso hablando en contra del matrimonio) y no creía que fuera a poder cruzar palabra con ella. Natalia y yo estábamos contentas de vernos, pero ella me decía algo que daba a entender que me había invitado a su boda por pesar. Yo estaba mal peinada y muy enternecida con ella.
Por último soñé con una animación como de principios de los ochenta (al estilo de aquella de la propaganda de Renault 4, "amigo fiel"). Una voz en off decía que regresar a Bogotá era "como una espuma conocida" mientras aparecía una mujer caminando por una calle del barrio donde queda la casa de mi tía. Entonces, de una alcantarilla que parecía una junta de expansión de un puente, emergía espuma como de Coca-Cola (como la que cae del techo en aquel capítulo de The Big Bang Theory) y a la mujer le daba mucho asco.
En algún punto de esta mezcolanza de sueños se mencionó la palabra "Cavorite", pero no recuerdo cuándo ni cómo ni por qué.
Anoche soñé que estaba con una amiga —creo que era Azuma— y le señalaba a CarlosCaicedo, quien estaba por ahí cerca. Algo me decía esta amiga que yo le respondía "Jis not mai broder. Jis mai broderinló". Lo decía así con el falso inglés pésimo que tanto nos gusta usar a Azuma y a mí.
Anoche soñé que iba a El Cairo con mis papás y mi hermana. Era muy soleado, hacía mucho calor y las pirámides se veían gigantescas a lo lejos desde la autopista que recorríamos en un bus. Yo me preguntaba por qué estaba en Egipto y no en Guam, pero pensaba escribir "Cairo" en Twitter apenas llegáramos a nuestro destino final. Parábamos en unos baños con duchas donde podíamos refrescarnos, pero casi todos estaban muy sucios. Afortunadamente yo encontraba uno bastante limpio con baldosas de cristanac azul y espejos antiguos y me bañaba, tras lo cual le cedía el espacio a unos nigerianos.
Soñé que unos personajes oscuros me invitaban a sentarme al lado de ellos en la banca de una iglesia, lo cual suponía un dilema puesto que si los acompañaba quedaría afiliada al Imperio y mis conocidos me odiarían, pero si me sentaba al otro lado del pasillo junto a los demás sería considerada una Rebelde y tendría que pelear y enfrentarme a una dolorosa muerte. Pensaba que lo mejor era huir alegando que no me gusta Star Wars.
Cavorite y yo íbamos a ir a Tokio con el TX Metro Pass (tiquete que permite usar el Tsukuba Express y toda la red del Metro de Tokio cuantas veces se quiera durante un día) y resultaba que por ser fin de año lo estaban regalando, con la condición de que uno no podría bajarse en una estación aleatoria que salía impresa en el tiquete. A mí me salía Nagatacho y a él le salía Akabanebashi.
(Qué detallado se pone mi cerebro a veces... No recordaba la existencia de esas dos estaciones, pero resulta que son reales: cerca de Nagatacho está el edificio de la Dieta, y Akabanebashi da contra un parque que conduce a la Tokyo Tower.)
De repente estaba rodeada de una familia que no era la mía. Le estaban cantando el Happy Birthday a alguien y había un niño chiquito que se estaba portando mal, creo que porque había algo a lo que se estaba negando. De pronto toda la familia lo examinaba para saber si era niño o niña.
(Qué detallado se pone mi cerebro a veces... No recordaba la existencia de esas dos estaciones, pero resulta que son reales: cerca de Nagatacho está el edificio de la Dieta, y Akabanebashi da contra un parque que conduce a la Tokyo Tower.)
De repente estaba rodeada de una familia que no era la mía. Le estaban cantando el Happy Birthday a alguien y había un niño chiquito que se estaba portando mal, creo que porque había algo a lo que se estaba negando. De pronto toda la familia lo examinaba para saber si era niño o niña.
Mi padre, un contacto de Twitter y yo íbamos a la peluquería. La niña (el contacto, a quien nunca he visto en la vida real) iba por un corte de pelo pero le resultaban haciendo el bikini. Mientras esperábamos, yo mencionaba que acababa de comprar una falda corta que me quedaba horrible, y que la falda que tenía puesta en ese momento tampoco me quedaba muy bien que digamos. Decía que solo tenía una falda que me quedaba bien, pensando en una muy vieja de jean que tengo en la vida real. Me daba un poco de pena ajena por la niña, pues su intención original no era la depilación, pero de alguna manera el peluquero (cuyo negocio quedaba en su propia habitación) se había dado cuenta de que le hacía falta y se lo hacía. Yo planeaba devolver la falda al otro día porque sí que era fea.
De repente mi familia y yo estábamos de viaje en bus por Vietnam. Nos deteníamos en un parque de diversiones donde yo ya había estado en 2008 (cosa que en realidad nunca ocurrió) y nos montábamos en unas atracciones un tanto peligrosas, pues no tenían cinturón de seguridad. Eran gigantescas y todas hechas de troncos como los parques para niños en Bogotá. Yo intentaba recordar el nombre de este lugar, que no era ni Da Nang ni Nha Trang, pero no lo lograba. Mientras montábamos en el inmenso aparato aquel la cámara (la S2) salía volando y casi perecía, pero mi hermana y yo nos aferrábamos a ella desesperadamente. Al final yo sufría una caída un tanto aparatosa a cuenta de la salvación de la cámara.
Al caer la tarde yo peleaba con mi papá porque había escogido la manera más aburrida de salir del parque, en unas sillitas colgantes como las del Parque del Café, y había forzado a mi mamá y mi hermana a montarse ahí. Yo le decía que yo saldría por donde quisiera y me iba a un pasillo gelatinoso donde aparecía una versión chiviada de Daria. Entonces me daba cuenta de que esa y las otras salidas aparte de la de mi padre eran peligrosas y yo resultaba recorriendo un camino larguísimo, al parecer sobre el filo de las cercas de todos los edificios hasta la casa. Durante el trayecto veía casas dedicadas enteramente a películas de dibujitos animados: había una de Bob Esponja, una de La noche de las narices frías y una de Oliver y su pandilla. En el proceso yo dejaba de ser yo y resultaba ser una adolescente japonesa embarazada. El resto del sueño transcurrió en inglés y japonés, y yo estaba quejándome con mi mamá (que no era mi mamá porque yo no era yo) por no encontrar la ropa de maternidad que necesitaba. Tenía una pinta horrible de leggings grises, una blusa larga verde pasto con una blusita debajo y una media tobillera amarillo limón, cuyo par no encontraba. Mi mamá me decía que no me preocupara, que "it's normal to have a little miscarriage" en esta etapa. Al final miraba una foto donde salía yo (la japonesa) con el padre del niño, y me daba cuenta de que él no era ningún jovencito: sus facciones lo delataban como casi cuarentón, y tenía un mohawk corto como Mario Baracus. En la foto no sonreía.
De repente mi familia y yo estábamos de viaje en bus por Vietnam. Nos deteníamos en un parque de diversiones donde yo ya había estado en 2008 (cosa que en realidad nunca ocurrió) y nos montábamos en unas atracciones un tanto peligrosas, pues no tenían cinturón de seguridad. Eran gigantescas y todas hechas de troncos como los parques para niños en Bogotá. Yo intentaba recordar el nombre de este lugar, que no era ni Da Nang ni Nha Trang, pero no lo lograba. Mientras montábamos en el inmenso aparato aquel la cámara (la S2) salía volando y casi perecía, pero mi hermana y yo nos aferrábamos a ella desesperadamente. Al final yo sufría una caída un tanto aparatosa a cuenta de la salvación de la cámara.
Al caer la tarde yo peleaba con mi papá porque había escogido la manera más aburrida de salir del parque, en unas sillitas colgantes como las del Parque del Café, y había forzado a mi mamá y mi hermana a montarse ahí. Yo le decía que yo saldría por donde quisiera y me iba a un pasillo gelatinoso donde aparecía una versión chiviada de Daria. Entonces me daba cuenta de que esa y las otras salidas aparte de la de mi padre eran peligrosas y yo resultaba recorriendo un camino larguísimo, al parecer sobre el filo de las cercas de todos los edificios hasta la casa. Durante el trayecto veía casas dedicadas enteramente a películas de dibujitos animados: había una de Bob Esponja, una de La noche de las narices frías y una de Oliver y su pandilla. En el proceso yo dejaba de ser yo y resultaba ser una adolescente japonesa embarazada. El resto del sueño transcurrió en inglés y japonés, y yo estaba quejándome con mi mamá (que no era mi mamá porque yo no era yo) por no encontrar la ropa de maternidad que necesitaba. Tenía una pinta horrible de leggings grises, una blusa larga verde pasto con una blusita debajo y una media tobillera amarillo limón, cuyo par no encontraba. Mi mamá me decía que no me preocupara, que "it's normal to have a little miscarriage" en esta etapa. Al final miraba una foto donde salía yo (la japonesa) con el padre del niño, y me daba cuenta de que él no era ningún jovencito: sus facciones lo delataban como casi cuarentón, y tenía un mohawk corto como Mario Baracus. En la foto no sonreía.
Ya me estaba aburriendo de no recordar mis sueños. Por fin algo bien raro y largo:
Volvía a Colombia y me ponía una cita con alguien para vernos. Sin embargo, cuando estaba en el lugar de encuentro (creo que era Cafam de La Floresta) me daba cuenta de que la persona y yo no nos habíamos dicho en qué puerta nos encontraríamos y cuando iba a coger el celular para llamarlo me daba cuenta de que tenía el de mi madre, en el cual no estaba grabado su número, y yo no podía recordarlo. Mi familia me encontraba en esas y me llevaba a la casa de mi tía, donde una prima aparecía y me saludaba. Yo estaba llorando. Pensaba que si el del encuentro hubiera sido Himura, habría podido llamarlo porque el suyo era el único número de celular que aún me sabía de memoria. Mi tía se ofrecía para llevarme a mi casa a recoger mi celular para no perder mi cita, pero ya había pasado más de media hora desde la hora convenida (como que la cita era a las cuatro porque eran las 4:36.
Creo que alcanzó a haber un rato de no pensar antes de soñar esto:
Estaba en Argentina, en un salón lleno de duchas. Las duchas eran bastante interesantes: una combinaba agua y alcohol pero la presión era tan fuerte cuando me iba a meter el agua (o el alcohol, eran dos chorros) me mandaban al piso. La gente me veía tirada ahí como una cucaracha pero no me ayudaba a parar. Al fin me incorporaba y exponía mi región lumbar al golpe del agua a ver si me masajeaba. Después iba a meterme a una ducha que proyectaba muchos chorros desde muchos ángulos, pero por alguna razón no podía. Tengo la impresión de que siempre me estaba resbalando en ese sueño. Había muchas argentinas lindas, por cierto.
Como no falta la metamorfosis del lugar en el sueño largo, resultaba de repente en la cocina de un restaurante. Veía a los chefs preparar muchos platos con jamón. Se veían muy apetitosos.
Mi familia y yo íbamos caminando por el barrio para regresar a casa cuando nos interceptaba Himura, quien vestía mi sudadera verde oliva de estar en casa. Me daba un poco de vergüenza verlo con esa ropa que le quedaba chiquita. Decía muchas groserías frente a mis papás pero se disculpaba. Decía que había venido hasta el barrio porque yo no había llegado a nuestra cita (¡la del sueño anterior!).
Volvía a Colombia y me ponía una cita con alguien para vernos. Sin embargo, cuando estaba en el lugar de encuentro (creo que era Cafam de La Floresta) me daba cuenta de que la persona y yo no nos habíamos dicho en qué puerta nos encontraríamos y cuando iba a coger el celular para llamarlo me daba cuenta de que tenía el de mi madre, en el cual no estaba grabado su número, y yo no podía recordarlo. Mi familia me encontraba en esas y me llevaba a la casa de mi tía, donde una prima aparecía y me saludaba. Yo estaba llorando. Pensaba que si el del encuentro hubiera sido Himura, habría podido llamarlo porque el suyo era el único número de celular que aún me sabía de memoria. Mi tía se ofrecía para llevarme a mi casa a recoger mi celular para no perder mi cita, pero ya había pasado más de media hora desde la hora convenida (como que la cita era a las cuatro porque eran las 4:36.
Creo que alcanzó a haber un rato de no pensar antes de soñar esto:
Estaba en Argentina, en un salón lleno de duchas. Las duchas eran bastante interesantes: una combinaba agua y alcohol pero la presión era tan fuerte cuando me iba a meter el agua (o el alcohol, eran dos chorros) me mandaban al piso. La gente me veía tirada ahí como una cucaracha pero no me ayudaba a parar. Al fin me incorporaba y exponía mi región lumbar al golpe del agua a ver si me masajeaba. Después iba a meterme a una ducha que proyectaba muchos chorros desde muchos ángulos, pero por alguna razón no podía. Tengo la impresión de que siempre me estaba resbalando en ese sueño. Había muchas argentinas lindas, por cierto.
Como no falta la metamorfosis del lugar en el sueño largo, resultaba de repente en la cocina de un restaurante. Veía a los chefs preparar muchos platos con jamón. Se veían muy apetitosos.
Mi familia y yo íbamos caminando por el barrio para regresar a casa cuando nos interceptaba Himura, quien vestía mi sudadera verde oliva de estar en casa. Me daba un poco de vergüenza verlo con esa ropa que le quedaba chiquita. Decía muchas groserías frente a mis papás pero se disculpaba. Decía que había venido hasta el barrio porque yo no había llegado a nuestra cita (¡la del sueño anterior!).
Cavorite estaba sentado en su silla blanca cómoda y me hablaba de horarios (no sé de qué) y de sus amigos en Popayán que yo debería conocer. Fue apenas un destello brevísimo de sueño justo antes de abrir los ojos.
Desperté con "Azul" de Natalia Lafourcade dándome vueltas en la cabeza.
Desperté con "Azul" de Natalia Lafourcade dándome vueltas en la cabeza.
Anoche soñé que protestaba contra la prohibición de los minaretes en Suiza. Mi argumento era que entonces lo justo sería prohibir también las torres de las iglesias.
Anoche soñé que vivía en una especie de dormitorio estudiantil (como esas casas de familia donde tienen inquilinos), y mi profesor favorito de la universidad venía a visitar. Conversábamos animadamente en la sala de la casa, que era supremamente amplia y de un piso. A mis anfitriones no les gustaba mi profesor, decían que era monotemático y repetitivo. Yo aparentaba estar de acuerdo con ellos pero para mis adentros aseguraba que él era muy interesante.
No recuerdo cómo pero descubría que tenía un pliegue sangrante sobre un seno. Corría a un baño y resultaba en el cuarto de Amber, quien compartía su baño con alguien más (era una habitación un poco más cara que las normales; baño compartido entre dos cuartos y mucho, mucho espacio). No quería desordenarle las cosas, así que corría al baño de otra persona, no sin antes dejar una cerradura compleja tal como la había encontrado antes de entrar.
En el espejo del baño notaba que si abría un poco el pliegue se veía una gran cantidad de coágulos; era una hendidura que iba directo a mis órganos internos. Trataba de lavar la herida y el piso se llenaba de charcos de aguasangre que me apresuraba a limpiar para que nadie sospechara que alguien había estado allí.
Después volvía a verme en el espejo de otro baño y encontraba que se me había caído la piel desde el cuello hasta la mitad del tórax y se me veían los órganos internos por entre las costillas. Intentaba ver mi corazón latiendo pero no lo encontraba. Nadie sabía que yo me encontraba en esta condición; por encima de la ropa yo me veía perfectamente normal, pero estaba averiguando qué se podía hacer en este caso. Lo único que encontraba era el caso de una mujer en Perú a la que se le había derramado toda la parte de adelante (piel, ojos, etc.) en un estadio.
No recuerdo cómo pero descubría que tenía un pliegue sangrante sobre un seno. Corría a un baño y resultaba en el cuarto de Amber, quien compartía su baño con alguien más (era una habitación un poco más cara que las normales; baño compartido entre dos cuartos y mucho, mucho espacio). No quería desordenarle las cosas, así que corría al baño de otra persona, no sin antes dejar una cerradura compleja tal como la había encontrado antes de entrar.
En el espejo del baño notaba que si abría un poco el pliegue se veía una gran cantidad de coágulos; era una hendidura que iba directo a mis órganos internos. Trataba de lavar la herida y el piso se llenaba de charcos de aguasangre que me apresuraba a limpiar para que nadie sospechara que alguien había estado allí.
Después volvía a verme en el espejo de otro baño y encontraba que se me había caído la piel desde el cuello hasta la mitad del tórax y se me veían los órganos internos por entre las costillas. Intentaba ver mi corazón latiendo pero no lo encontraba. Nadie sabía que yo me encontraba en esta condición; por encima de la ropa yo me veía perfectamente normal, pero estaba averiguando qué se podía hacer en este caso. Lo único que encontraba era el caso de una mujer en Perú a la que se le había derramado toda la parte de adelante (piel, ojos, etc.) en un estadio.
Esto es lo que soñé anteanoche:
Me estaba quedando en un cuarto de hotel junto a otras personas (niñas como de 18-20 años) y tenía un examen de biología que presentar en una hora. En vista del tiempo que me quedaba y que no había nadie en el cuarto, invitaba a Cavorite. Sin embargo, no todo era felicidad, pues sin haber empezado siquiera nos dábamos cuenta de que una niña se había quedado dormida y aún seguía en la habitación. Chasco. Y encima se me hacía tarde para el examen. Agh.
La niña dormida, por cierto, resultaba ser un contacto de Twitter. Tenía las piernas extremadamente peludas.
Me estaba quedando en un cuarto de hotel junto a otras personas (niñas como de 18-20 años) y tenía un examen de biología que presentar en una hora. En vista del tiempo que me quedaba y que no había nadie en el cuarto, invitaba a Cavorite. Sin embargo, no todo era felicidad, pues sin haber empezado siquiera nos dábamos cuenta de que una niña se había quedado dormida y aún seguía en la habitación. Chasco. Y encima se me hacía tarde para el examen. Agh.
La niña dormida, por cierto, resultaba ser un contacto de Twitter. Tenía las piernas extremadamente peludas.
Estaba en un centro comercial gigantesco lleno de escaleras eléctricas. Tras subir y subir hasta el piso más alto, empezaba a bajar en toboganes, o más bien escaleras resbalosas que me gustaba bajar sentada como si lo fueran. Encontraba a mi hermana en un corredor del piso más bajo y algo comentábamos. Luego subía escaleras de nuevo y llegaba a una estación de monorriel ubicada dentro del mismo centro comercial. Ahí estaba Ovidio. Quedábamos en salir al día siguiente. Se montaba al monorriel y se iba. Lo veía alejarse, contenta de saber que lo volvería a ver. Entonces empezaba a bajar unas escaleras.
- Se partía la punta del enchufe de los parlantes de mi computador, dejándome sin buen sonido para el computador. Frustración y mil intentos inútiles de pegarlo esperando que las dos partes milagrosamente se fundieran uniéndolas con fuerza.
- Hacía fila con Ovidio en la sección de migración de un aeropuerto, saliendo de algún país. Era una fila larga, larga, larga, como cuando uno viaja desde Estados Unidos y tiene que pasar por donde hay que quitarse los zapatos y todo el mundo viaja al mismo tiempo. Le daba un beso en la mejilla. Estábamos contentos. Al despertar me di cuenta de que solo en el sueño había podido recordar bien su voz.
Tengo la impresión de que primero había estado en la cafetería del colegio, pero no recuerdo qué había comido. Lo que sí recuerdo claramente era que estaba en el USS Enterprise y hablaba con el señor Spock. Le preguntaba cómo era que se llamaba el personaje de William Shatner (James T. Kirk, recordé al instante cuando desperté), pero ninguno de los dos se acordaba. Yo mencionaba a Ryker, pero ahí mismo decía que no podía ser porque era de Star Trek: The Next Generation. No obstante, Spock —no Leonard Nimoy, ¡Spock!— hacía una imitación muy divertida de Kirk y me hacía reír. Yo comentaba que alguna vez Chekhov fue mi miembro favorito de la tripulación mientras pensaba que ahora definitivamente tenía que ser Spock.
De pronto en RCN salía un homenaje a mi mejor amiga del colegio que supuestamente había muerto. Yo no lo podía creer, primero que todo porque había hablado con ella el día anterior (cosa que no he hecho en realidad) y, segundo, porque ella no había nacido en 1958.
De pronto en RCN salía un homenaje a mi mejor amiga del colegio que supuestamente había muerto. Yo no lo podía creer, primero que todo porque había hablado con ella el día anterior (cosa que no he hecho en realidad) y, segundo, porque ella no había nacido en 1958.
Viajaba. No sé dónde estaba, pero pronto tendría que tomar un avión y estaba escogiendo la ropa que usaría entonces. Mi mamá y mi hermana querían que me pusiera unos jeans verde pasto, pero al fin yo me decidía por un jumper de jean que no tengo en la vida real.
Cambio de escena. Caminaba a lo largo de una vía férrea, en un paisaje parecido al del norte de Bogotá (árboles altos y casas de ladrillo). Pensaba en el regreso a no sé dónde. Veía pasar un tren. Pensaba que cuando Cavorite regresara también tendría que tomar el tren local y se demoraría mucho más.
Cambio de escena. Caminaba a lo largo de una vía férrea, en un paisaje parecido al del norte de Bogotá (árboles altos y casas de ladrillo). Pensaba en el regreso a no sé dónde. Veía pasar un tren. Pensaba que cuando Cavorite regresara también tendría que tomar el tren local y se demoraría mucho más.
Hoy hice un gran esfuerzo por recordar lo que soñé anoche. Tenía más o menos una idea, pero me puse a hablar con Cavorite y se me olvidó. Bueno, en realidad no es que tuviera una idea de lo que soñé sino de un par de detalles sueltos que vi en duermevela y que noté cómo se iban borrando a medida que yo me ponía a pensar en el concierto de anoche (wow, Franz Ferdinand, wow!). No voy a hacer demasiado esfuerzo por recordarlos, porque lo más probable es que termine inventándomelos. Lo que sí sé que vi en un estado más profundo (me acordé de repente mientras charlaba) fue que tenía una llamada entrante en Skype de parte de Himura, lo cual se me hacía rarísimo. Creo que alcanzaba a contestar y decir "hola", pero no más.
No estoy recordando mis sueños últimamente. Creo que tengo la mente ocupada en las cosas buenas que me están sucediendo en vigilia.
El viernes antepasado soñé que no le había explicado bien a Cavorite—quien se estaba quedando en mi apartamento—cómo era que se usaba mi lavadora, por lo cual él no podía lavar su ropa. El asunto me preocupaba hondamente.
El viernes antepasado soñé que no le había explicado bien a Cavorite—quien se estaba quedando en mi apartamento—cómo era que se usaba mi lavadora, por lo cual él no podía lavar su ropa. El asunto me preocupaba hondamente.
Soñé que hablaba con una japonesa que estudiaba algo sobre Francia. Yo alternaba entre el francés y el japonés (tal como hice hace unos días con el TA de la clase de francés). Tengo la impresión de que realmente hice un esfuerzo por recordar vocabulario en el primer idioma. Un señor me quería regalar condimentos y me preguntaba qué tenía en mi casa. "Nous avons des épices sèches, pas de choses fraiches", respondía yo.
Mi amiga Sandra me llamaba muy contenta a contarme que ya no tenía cáncer. Yo fingía alegría pero me daba pesar: no quería contarle que ella ya está muerta.
Agh, lo tenía más claro hace unos minutos. Ahora solo recuerdo que me caía por unas escaleras entre un montón de cajas de cámaras Canon y que tarareaba "Como un picaflor" de Raúl Santi. Esa canción solo se la he oído a Arhuaco.
Era Navidad y yo estaba con los hermanos de Himura en un parque. Llegaba la novia de él vestida de yukata y yo pensaba "¿además se disfraza de japonesa?" Por alguna razón resultábamos reunidos Himura, sus hermanos menores, la novia, mi hermana y yo. Supongo que era por lo que yo estaba cuidando a los niños. El ambiente estaba lleno de miradas amargas.
De pronto estábamos en casa de mi tía e íbamos a ir caminando a alguna parte, pero mi hermana y yo nos demorábamos en salir porque estábamos viendo a alguien (¿mi mamá?) hacer galletas de fresa en el garaje. Cuando emergíamos nos dábamos cuenta de que Himura y su combo no nos habían esperado. No obstante, los encontrábamos unos pasos más adelante. El hermanito estaba furioso porque se habían ido sin nosotras y su pataleta los había hecho detener.
De pronto estábamos en casa de mi tía e íbamos a ir caminando a alguna parte, pero mi hermana y yo nos demorábamos en salir porque estábamos viendo a alguien (¿mi mamá?) hacer galletas de fresa en el garaje. Cuando emergíamos nos dábamos cuenta de que Himura y su combo no nos habían esperado. No obstante, los encontrábamos unos pasos más adelante. El hermanito estaba furioso porque se habían ido sin nosotras y su pataleta los había hecho detener.
Volvía a Los Andes.
Estaba en un recinto de paredes grises donde escuchaba a la gente hablar de sus proyectos de tesis. De pronto una profesora se me acercaba y me preguntaba que al fin qué pasaba con la mía. Le pedía que me escuchara, le decía que ellos nunca me habían escuchado mientras fui estudiante de allá, que al menos ahora por fin me estaban tomando como miembro del departamento. Le contaba que me había ido en 2006, que todo este tiempo había estado en Japón pero había regresado a terminar. Me preguntaba qué quería hacer y le decía que no estaba segura, aunque tenía un deseo que no me atrevía a manifestar. Mientras hablábamos notaba que la hoja donde alguien había escrito su propuesta de tesis tenía un dibujo a lápiz de Saturno. En la conversación salían a relucir diversos proyectos en los que yo había tomado parte pero que no tenían absolutamente nada que ver con mi carrera y que yo trataba como si no tuvieran la menor importancia para mí.
La profesora se reunía con otros miembros de planta y discutían a ver si me dejaban continuar en la universidad después de todo este tiempo. El veredicto de ellos era que la literatura no era lo mío, que debería dedicarme a otra cosa, que me la había pasado haciendo cosas no relacionadas con el área de estudio, que ni siquiera había sido capaz de decir sobre qué quiero hacer mi tesis. Entonces yo explotaba y les gritaba "¡¡¡QUIERO ESCRIBIR UNA NOVELA!!!"
Se reían de mí y preguntaban sobre qué.
—¡No lo sé! ¡Eso explota en el camino! ¿Nunca han escrito? ¡Podré no saber de literatura pero sé que quiero escribir!
Me ponían a prueba, dándome un plazo para escribir una frase que los conmoviera. Yo asumía el reto, convencida de que lo superaría.
Estaba en un recinto de paredes grises donde escuchaba a la gente hablar de sus proyectos de tesis. De pronto una profesora se me acercaba y me preguntaba que al fin qué pasaba con la mía. Le pedía que me escuchara, le decía que ellos nunca me habían escuchado mientras fui estudiante de allá, que al menos ahora por fin me estaban tomando como miembro del departamento. Le contaba que me había ido en 2006, que todo este tiempo había estado en Japón pero había regresado a terminar. Me preguntaba qué quería hacer y le decía que no estaba segura, aunque tenía un deseo que no me atrevía a manifestar. Mientras hablábamos notaba que la hoja donde alguien había escrito su propuesta de tesis tenía un dibujo a lápiz de Saturno. En la conversación salían a relucir diversos proyectos en los que yo había tomado parte pero que no tenían absolutamente nada que ver con mi carrera y que yo trataba como si no tuvieran la menor importancia para mí.
La profesora se reunía con otros miembros de planta y discutían a ver si me dejaban continuar en la universidad después de todo este tiempo. El veredicto de ellos era que la literatura no era lo mío, que debería dedicarme a otra cosa, que me la había pasado haciendo cosas no relacionadas con el área de estudio, que ni siquiera había sido capaz de decir sobre qué quiero hacer mi tesis. Entonces yo explotaba y les gritaba "¡¡¡QUIERO ESCRIBIR UNA NOVELA!!!"
Se reían de mí y preguntaban sobre qué.
—¡No lo sé! ¡Eso explota en el camino! ¿Nunca han escrito? ¡Podré no saber de literatura pero sé que quiero escribir!
Me ponían a prueba, dándome un plazo para escribir una frase que los conmoviera. Yo asumía el reto, convencida de que lo superaría.
Mi familia y yo íbamos a un restaurante jamaiquino, pero algo me daba rabia y no quería sentarme al lado de mis padres, entonces lo hacía al lado de mi hermana.
Estábamos en casa de mi tía, pero aún era la casa de mis abuelos. A alguien en el piso de abajo le mencionaba que arriba todos dormían (mi hermana y yo habíamos visto a mis padres darse besos, pero el resto descansaba). Yo llevaba un vestido como de niña, y al bajar saltaba del tercer escalón, tal como cuando era chiquita. En el patio había una ventana vieja parada sobre una piedra o un objeto de piedra. Mi primo mencionaba que le daba pesar una ventana que no diera a ninguna parte. A mí me parecía bonita, toda cubierta de musgo y hojas secas oscurecidas por la lluvia.
Alguien se estaba deshaciendo de unos stickers de Raphael. Yo los quería, además de querer una carátula de un disco de él con Gigliola Cinquetti que también había sido abandonada en el patio.
Estábamos en casa de mi tía, pero aún era la casa de mis abuelos. A alguien en el piso de abajo le mencionaba que arriba todos dormían (mi hermana y yo habíamos visto a mis padres darse besos, pero el resto descansaba). Yo llevaba un vestido como de niña, y al bajar saltaba del tercer escalón, tal como cuando era chiquita. En el patio había una ventana vieja parada sobre una piedra o un objeto de piedra. Mi primo mencionaba que le daba pesar una ventana que no diera a ninguna parte. A mí me parecía bonita, toda cubierta de musgo y hojas secas oscurecidas por la lluvia.
Alguien se estaba deshaciendo de unos stickers de Raphael. Yo los quería, además de querer una carátula de un disco de él con Gigliola Cinquetti que también había sido abandonada en el patio.
Soñé que estaba comprando una nueva mochila, y algunas tenían la cara de Juanes bordada. Yo estaba tratando de decidir basándome en la capacidad; quería una grande y cómoda, parecida a la que me compré el año pasado en Hanoi. Me recomendaban una con plátanos verdes en patchwork.
No sé cómo se produjo el salto a quién sabe qué lugar donde me enteraba de que unos estudiantes de animación o algo así estaban renovando TRON, pero como estaban aún en una fase temprana del proceso, algunas escenas habían sido reemplazadas por dibujos en Paint. A mí me parecía un noble esfuerzo.
Y en esas terminaba en la cocina de la casa de mi abuela paterna, quien había hecho galletas. Eran grandes, blanditas y tenían chips de chocolate.
No sé cómo se produjo el salto a quién sabe qué lugar donde me enteraba de que unos estudiantes de animación o algo así estaban renovando TRON, pero como estaban aún en una fase temprana del proceso, algunas escenas habían sido reemplazadas por dibujos en Paint. A mí me parecía un noble esfuerzo.
Y en esas terminaba en la cocina de la casa de mi abuela paterna, quien había hecho galletas. Eran grandes, blanditas y tenían chips de chocolate.
Sala de la casa de mi abuela (ahora de mi tía). Maladjusted y yo. Besos. Mi abuela nos pillaba. Sorprendentemente, nadie ponía problema.
Me quedaba a dormir donde un amigo, pero no sé quién era. Tenía un esfero morado brillante que yo probaba sobre un papel, pero no recuerdo qué escribia. Muy temprano en la madrugada me asomaba a una ventana y veía un cohete despegar. El cielo era de color azul verdoso, muy oscuro. El acontecimiento me dejaba sin aliento.
Estaba con Ovidio en un apartamento bonito de colores cálidos, como que con luz de atardecer sobre adoquines. Creo que lo hacía reír. Le veía la cara muy de cerca. De repente ya no estaba él sino Susan Sarandon, con quien al parecer yo tenía un romance. Me parece que ella estaba un poco escéptica ante mis avances, pero le gustaba estar conmigo. Yo tenía que ir al baño; mientras estaba sentada veía por una rendija a una niña pasar corriendo.
Ahora seguía sentada en una taza, pero ya no en un baño sino en medio del hall de entrada de un centro de convenciones en Tokio. Una señora me preguntaba en japonés si sabía adónde debía ir para quién sabe qué evento y ella hacía un par de preguntas en la recepción. Duraba ahí mucho tiempo sin importarme que todo el mundo me estuviera viendo, pero algo preocupada porque gracias al estreñimiento estaba acaparando el sanitario. De pronto me daba cuenta de que otra vez estaba teniendo un sueño donde estaba estreñida mas no avergonzada en un lugar donde todos me podían ver.
Volví a conciliar el sueño y vi un episodio de una serie animada que, según tenía entendido, era The Simpsons. Homero intentaba ganar dinero de maneras muy absurdas. Por quemarse las manos poniéndolas sobre algún metal al rojo le pagaban ¥490. Entonces salía un pez del agua y el aire se convertía en agua, o al menos se volvía respirable para el pez, y de arriba salía una legión de pastos a perseguirlo. Al parecer ese cambio en la dimensión había sido culpa de Homero. Ese era el final del capítulo y el pez nadaba rapidísimo hasta convertirse en el logo de la productora de televisión.
Ahí sí desperté.
Ahora seguía sentada en una taza, pero ya no en un baño sino en medio del hall de entrada de un centro de convenciones en Tokio. Una señora me preguntaba en japonés si sabía adónde debía ir para quién sabe qué evento y ella hacía un par de preguntas en la recepción. Duraba ahí mucho tiempo sin importarme que todo el mundo me estuviera viendo, pero algo preocupada porque gracias al estreñimiento estaba acaparando el sanitario. De pronto me daba cuenta de que otra vez estaba teniendo un sueño donde estaba estreñida mas no avergonzada en un lugar donde todos me podían ver.
Volví a conciliar el sueño y vi un episodio de una serie animada que, según tenía entendido, era The Simpsons. Homero intentaba ganar dinero de maneras muy absurdas. Por quemarse las manos poniéndolas sobre algún metal al rojo le pagaban ¥490. Entonces salía un pez del agua y el aire se convertía en agua, o al menos se volvía respirable para el pez, y de arriba salía una legión de pastos a perseguirlo. Al parecer ese cambio en la dimensión había sido culpa de Homero. Ese era el final del capítulo y el pez nadaba rapidísimo hasta convertirse en el logo de la productora de televisión.
Ahí sí desperté.
Anoche soñé que nadaba en un tanque gigante rodeada de animales acuáticos de todos los tamaños y colores, incluyendo un cachalote. Creo que había un koi gigante también. Yo los alimentaba con ostras pequeñitas que lanzaba en todas direcciones a ver qué criaturas las atrapaban. Estaba sola en ese deber, y era inmensamente feliz.
Azuma me hablaba de una agencia de bienes raíces con la que estaba negociando un arriendo. La señora de la agencia (que yo imaginaba como una japonesa gorda de delantal) le había dicho que esperaba que no saliera de vacaciones mientras arrendara el apartamento. Mientras tanto yo pensaba en cómo sería mejor tomarle una foto. Tal vez con la gata. Mirando para abajo definitivamente no. Este hilo de ideas se sentía como si paralelo al sueño corriera un proceso mental lúcido.
Después estaba en la cafetería de pastas que hay frente a mi facultad y me encontraba con Cora, la rumana, para devolverle el libro que me había prestado hace tanto tiempo (Freakonomics, no sé por qué me lo prestó si yo claramente no lo iba a leer). La acompañaba un desconocido. La cara se le iluminaba al verme y me saludaba efusivamente. (Recordemos que Cora en realidad me odia y me condenó al ostracismo en Tsukuba, lo cual a la larga mejoró mi calidad de vida enormemente.)
Después estaba en la cafetería de pastas que hay frente a mi facultad y me encontraba con Cora, la rumana, para devolverle el libro que me había prestado hace tanto tiempo (Freakonomics, no sé por qué me lo prestó si yo claramente no lo iba a leer). La acompañaba un desconocido. La cara se le iluminaba al verme y me saludaba efusivamente. (Recordemos que Cora en realidad me odia y me condenó al ostracismo en Tsukuba, lo cual a la larga mejoró mi calidad de vida enormemente.)
Tengo un vago recuerdo de haber tocado la espalda de Himura y sentirla carrasposa.
Veo una calle estrecha y pedregosa, parece España, o la imagen que me hago de alguna ciudad de España. No sé qué pasaba ahí, pero de repente estaba yo en una especie de bar con Azuma. Tenía el corazón roto y me dedicaba a vaciar botella tras botella de una cerveza que sabía a raspberry ginger brew. Azuma se reía con ganas de mi afán de beber. A mí me gustaba el sabor del trago y tenía mucha sed. Estaba segura de que no podría emborracharme con algo que supiera así, pero aparentemente ya me estaba prendiendo. Azuma me sacaba de ahí y me llevaba a su cuarto, un recinto de paredes de madera poco iluminado, cálido. Yo anotaba que tenía dos camas pese a vivir sola. Ella se reía y, sentadas en una, empujábamos la otra con los pies hasta estrellarla contra la pared.
Veo una calle estrecha y pedregosa, parece España, o la imagen que me hago de alguna ciudad de España. No sé qué pasaba ahí, pero de repente estaba yo en una especie de bar con Azuma. Tenía el corazón roto y me dedicaba a vaciar botella tras botella de una cerveza que sabía a raspberry ginger brew. Azuma se reía con ganas de mi afán de beber. A mí me gustaba el sabor del trago y tenía mucha sed. Estaba segura de que no podría emborracharme con algo que supiera así, pero aparentemente ya me estaba prendiendo. Azuma me sacaba de ahí y me llevaba a su cuarto, un recinto de paredes de madera poco iluminado, cálido. Yo anotaba que tenía dos camas pese a vivir sola. Ella se reía y, sentadas en una, empujábamos la otra con los pies hasta estrellarla contra la pared.
Qué hermoso es cuando los sueños no son más que recordatorios de lo que hay que hacer al día siguiente.
Fotocopia de la tarjeta de extranjería. Fotocopia de la libreta de ahorros. Formulario relleno. Dónde está el formulario. Sobre para enviar papeles. La oficina postal cierra a las cinco de la tarde. Llevar pasaporte, carné y tarjeta de extranjería a la facultad de biología para lo del tour de la JAXA.
Pensándolo bien, no es hermoso. Pero al menos no se me olvidará. Espero.
Fotocopia de la tarjeta de extranjería. Fotocopia de la libreta de ahorros. Formulario relleno. Dónde está el formulario. Sobre para enviar papeles. La oficina postal cierra a las cinco de la tarde. Llevar pasaporte, carné y tarjeta de extranjería a la facultad de biología para lo del tour de la JAXA.
Pensándolo bien, no es hermoso. Pero al menos no se me olvidará. Espero.
Duermo muchísimo tras un día surreal en Tokio. El sueño excesivamente largo se convierte al llegar el día en un sopor pesado y delirante. Veo el cielo. No veo el cielo. Veo el cielo. El cerebro no procesa la miopía, solo el azul reinante. Me reacomodo en el futón y estoy segura de que mi espalda tiene una fila de snap fasteners que bajan por toda la columna vertebral y se despegan del colchón haciendo ruido.
Hay una discusión quién sabe con quién sobre la diferencia entre itsuka (何時か, "algún día", "en algún momento") e itsuka (五日, "el día cinco del mes"). Voces me hablan de madurar. Debo madurar. Madurar.
En mi cabeza suena "Close Your Eyes" de Basement Jaxx. Cuando despierto del todo lo único que queda es esta canción.
Hay una discusión quién sabe con quién sobre la diferencia entre itsuka (何時か, "algún día", "en algún momento") e itsuka (五日, "el día cinco del mes"). Voces me hablan de madurar. Debo madurar. Madurar.
En mi cabeza suena "Close Your Eyes" de Basement Jaxx. Cuando despierto del todo lo único que queda es esta canción.
Viajaba en avión con mi familia, pero no sabíamos adónde ir. Podíamos ir al este u oeste de no sé qué meridiano. Al parecer había una opción larguísima según la cuál terminaríamos en Africa, en Zanzíbar o algo así. No sé al fin dónde terminamos, me parece que en Tahití. De repente estábamos en un tour en bus y nos querían dejar botados al lado de un puente porque aún no estaba terminado y por lo tanto no tenía peajes. (Extraña lógica.) Algo en el puente o cerca de él era de color curuba, como la pared del centro comercial Atlantis Plaza.
En duermevela, justo antes de despertar, oí cómo Lucas (amigo de adolescencia) me advertía que me iba a caer alguien del Edgar Winter Group.
Necesito dejar de evocar los sueños en términos narrativos porque pierdo detalles. Hay que permitir que las imágenes fluyan.
En duermevela, justo antes de despertar, oí cómo Lucas (amigo de adolescencia) me advertía que me iba a caer alguien del Edgar Winter Group.
Necesito dejar de evocar los sueños en términos narrativos porque pierdo detalles. Hay que permitir que las imágenes fluyan.
Cosas vistas en orden pero difíciles de recordar con claridad.
- Ovidio cerraba su blog. Al parecer había encontrado el amor de su vida y ya no necesitaba decir nada más.
- Me encontraba con Lowfill y le preguntaba por Himura. Me decía que estaba muy mal, enfermo.
- Estaba con Arhuaco en un recinto público, pero no logro saber qué tipo de sitio era. Este sueño es altamente confuso; en mi cabeza veo cosas clarísimas pero no puedo ni conectarlas entre sí ni explicar qué son.
Había salido una noticia según la cual un señor había creado una especie de sintetizador para sus hijos (un niño y una niña), un aparato revolucionario de fabricación casera con muchos botones grandes. Parecía hecho de cajas de cartón, al tacto los botones se sentían como stickers de esos que parecen inflados. Se creía al principio que el inventor había castrado a los niños para que solo se dedicaran a la música, pero luego se aclaraba que no.
Arhuaco y Cavorite se daban a la tarea de emular las propiedades de este instrumento en software. Cavorite creaba los "Cavodrums" (la idea del nombre era mía) y Arhuaco algo relacionado con los instrumentos melódicos. La interfaz del programa de este último tenía bonito diseño (en realidad no; era una cosa noventera fucsia), lo cual era de esperarse porque, claro, él se dedicaba a diseñar interfaces para las cosas que programaba (nada más lejos de la realidad). Yo estaba bajando los programas de ambos a mi computador, pero no podría decir dónde estaba mientras esto ocurría. Sobre mí se extendía el cielo de la tarde, de un azul cálido con nubes ambarinas.
De repente, aunque esta imagen ya no es clara, yo estaba programando algo y Arhuaco me decía que lo estaba haciendo mal. De fondo o en mi cabeza sonaba "Dès que j'te vois" de Vanessa Paradis.
Arhuaco y Cavorite se daban a la tarea de emular las propiedades de este instrumento en software. Cavorite creaba los "Cavodrums" (la idea del nombre era mía) y Arhuaco algo relacionado con los instrumentos melódicos. La interfaz del programa de este último tenía bonito diseño (en realidad no; era una cosa noventera fucsia), lo cual era de esperarse porque, claro, él se dedicaba a diseñar interfaces para las cosas que programaba (nada más lejos de la realidad). Yo estaba bajando los programas de ambos a mi computador, pero no podría decir dónde estaba mientras esto ocurría. Sobre mí se extendía el cielo de la tarde, de un azul cálido con nubes ambarinas.
De repente, aunque esta imagen ya no es clara, yo estaba programando algo y Arhuaco me decía que lo estaba haciendo mal. De fondo o en mi cabeza sonaba "Dès que j'te vois" de Vanessa Paradis.
Recuerdo varias cosas inconexas.
- Me iba a cortar el pelo y querían dejarme la capul bastante corta, así como la tuve en 2007.
- Les mostraba unos dibujos que estaba haciendo en mi cama a mi madre, mi hermana y mi tía. A esta última le contaba que quería tomar clases de guitarra o de dibujo en la Academia de Artes Guerrero. Al parecer podía hacer cosas bonitas con lápices de colores; una mujer que estaba haciendo mientras hablaba llevaba un chador azul cobalto.
- Estaba en el estudio de grabación donde se había filmado el video de "Ruby Rises", de Oren Lavie (hasta donde tengo entendido esa canción no tiene video). Oren estaba ahí, y la gente comentaba algo sobre lo futurista del video o de su aspecto (a veces se veía de lejos como un ejercicio de dibujo anatómico: calvo, musculoso y plateado). La canción sonaba incesantemente. El lugar era un espacio amplio de techo alto, piso azul oscuro y paredes de concreto. Había mucha gente allí.
- Mi tío aparecía en el set y me regalaba paños para limpiar el carro. Cuál carro, es una buena pregunta.
- En el mismo estudio conocía los efectos de los helados de colores vivos en el desarrollo cognoscitivo de los niños. Creo que era algo bueno. Alguien, no sé si yo, estaba comiendo un helado de Baskin Robbins amarillo y morado.
Anoche soñé que iba a leer Infinite Jest. Era un libro grandísimo, tal vez más grande que el mío de Literary Theory, pero deforme.
Anoche soñé que me iba a poner el bikini que compré en Hawaii, pero descubría que estaba gordísima y se me veía horripilante. La barriga hinchada me quedaba colgando sobre la parte de abajo.
Mi hermana me decía, "tranquila que yo también he sido así de grande". Obviamente no era el mejor de los consuelos.
Mi hermana me decía, "tranquila que yo también he sido así de grande". Obviamente no era el mejor de los consuelos.
Anoche soñé que la policía de inmigración de Estados Unidos nos detenía a Minori y a mí para interrogarnos. Al parecer querían comprobar que yo realmente estudiaba en Japón, así que preguntaron cómo fue que terminé yo acá. Minori y yo nos mirábamos y contábamos que alguna vez habíamos estado cuadrados, y que él había empezado a enseñarme japonés, lo cual me había llevado a interesarme por Japón en general. Él estaba vestido con un kimono blanco (lo cual es raro porque los hombres solo usan kimono gris, negro o azul) que tenía las mangas bastante sucias. Nos mirábamos con bastante ternura, lo cual creo que contrasta por completo con la realidad que vivimos entre la semana pasada y esta.
Anoche soñé que actuaba en una película dirigida por Jason Bateman. Luego hablaba con él y quedábamos en salir. Yo era pésima actriz, por cierto, así que la cita no tendría nada que ver con mi nulo futuro en Hollywood. Mejor así, porque Jason Bateman me encanta.
Anoche soñé que le hacía dar celos a Himura poniéndome muy melosa con Kenneth Wolf, un cibernovio gringo que tuve en la adolescencia y a quien en realidad jamás conocí en persona.
Anoche soñé con mi vecino, el japonés lindo. No sé de qué estaba hablando con él que nos mirábamos... y nada más. Demonios.
Anoche soñé que iba a una ciudad pequeña en Europa sin saber cuál era. La arquitectura era espectacular. Al principio me parecía que estaba en Alemania, pero luego entendía que estaba en Suecia. Entonces le preguntaba a alguien si estábamos lejos de Lund para ir a visitar a Amber.
Anoche tomé una siesta antes de irme de parranda y soñé que había acá un topic en mi nuevo foro de Flickr llamado "Gente del Metachamizo que nos cae mal".
Pesadilla.
Mi vuelo a Bogotá resultaba partir desde Dublin y yo me daba cuenta en el aeropuerto de lo siguiente:
a) Necesitaba un vuelo urgente para Dublin (no se me había ocurrido arreglar eso antes)
b) Podía embarcarme al fin en un vuelo de RyanAir pero resultaba no tener visa, así que ni modos de hacer tránsito por allá
c) Se me había quedado el pasaporte en mi casa
Iba con Adeline (compañera bruneyana de carrera), quien decía toda extrañada que a ella nunca le habían pedido una visa. "Yeah, but I come from a poor country", replicaba yo. Subíamos unas escaleras y estábamos en pleno centro de Tokio, desde donde se veía el mar y, al otro lado, un centro comercial gigante en Odaiba. De repente la que estaba conmigo era Azuma, quien no quería acompañarme a sacar una visa a toda velocidad sino ir al centro comercial. Se veía tentador; alcanzaba a sentir ganas de dejar todo botado e ir a divertirme en Odaiba con ella.
Qué angustia, menos mal me desperté.
Mi vuelo a Bogotá resultaba partir desde Dublin y yo me daba cuenta en el aeropuerto de lo siguiente:
a) Necesitaba un vuelo urgente para Dublin (no se me había ocurrido arreglar eso antes)
b) Podía embarcarme al fin en un vuelo de RyanAir pero resultaba no tener visa, así que ni modos de hacer tránsito por allá
c) Se me había quedado el pasaporte en mi casa
Iba con Adeline (compañera bruneyana de carrera), quien decía toda extrañada que a ella nunca le habían pedido una visa. "Yeah, but I come from a poor country", replicaba yo. Subíamos unas escaleras y estábamos en pleno centro de Tokio, desde donde se veía el mar y, al otro lado, un centro comercial gigante en Odaiba. De repente la que estaba conmigo era Azuma, quien no quería acompañarme a sacar una visa a toda velocidad sino ir al centro comercial. Se veía tentador; alcanzaba a sentir ganas de dejar todo botado e ir a divertirme en Odaiba con ella.
Qué angustia, menos mal me desperté.
Anoche soñé algo rarísimo:
Estaba en mi casa. Era diciembre 13 y mi familia nuclear estaba reunida en la sala como en un fin de semana normal. Entonces llegaba Himura, quien me preguntaba si no venía nadie más a celebrar "la cremación del cedro". Yo le decía que nosotros no sabíamos que el 13 de diciembre se celebraba algo.
En un sofá estaba sentada una amiga que murió hace años. Por estar tratando de agradar a Himura no hablaba casi con ella, y de pronto la notaba aburrida. Entonces halaba al señor al sofá y le decía:
—Te presento a Sandra. O más bien, al fantasma de Sandra.
Ella sabía que estaba muerta, pero hacía algún comentario irónico sobre cómo en efecto, era un fantasma, puesto que la había estado ignorando.
Estaba en mi casa. Era diciembre 13 y mi familia nuclear estaba reunida en la sala como en un fin de semana normal. Entonces llegaba Himura, quien me preguntaba si no venía nadie más a celebrar "la cremación del cedro". Yo le decía que nosotros no sabíamos que el 13 de diciembre se celebraba algo.
En un sofá estaba sentada una amiga que murió hace años. Por estar tratando de agradar a Himura no hablaba casi con ella, y de pronto la notaba aburrida. Entonces halaba al señor al sofá y le decía:
—Te presento a Sandra. O más bien, al fantasma de Sandra.
Ella sabía que estaba muerta, pero hacía algún comentario irónico sobre cómo en efecto, era un fantasma, puesto que la había estado ignorando.
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